TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Piedras

06/01/2020

Frenkie De Jong tiene el fútbol en la cabeza. Aunque no hayamos visto en LaLiga el 15 por ciento de lo que le vimos en apenas 180 minutos ante el Real Madrid (aquella espectacular eliminatoria que jugó el Ajax), los ramalazos del muchacho son los de un tipo privilegiado capaz de gobernar los partidos en un espacio abierto de 40 ó 50 metros: del «bajo a recibir» al «doy el penúltimo pase». Supongo que con un entrenador más atrevido, pues Valverde es de esa estirpe de tipos prudentes que miden tres y hasta cuatro veces el siguiente paso sobre el puente colgante, De Jong ya lideraría la medular de este Barça mediocre que gana (o puntúa) porque tiene más dinamita ofensiva que nadie.

En su estilo está el riesgo, y acierta un 95 por ciento de las veces… pero en este fútbol al que ha llegado, se le fiscaliza el 5 por ciento restante. En el Barça, como en el Real Madrid, te definen más tus errores (como la roja del sábado) que tus aciertos (se te suponen: estás en la cúspide del fútbol mundial). Esa pequeña obra de arte que, en ocasiones, es un pase aparentemente sencillo, no levanta el «¡Ooooh!» de la grada pero acaban de desahogar a tres compañeros y superar dos líneas de presión. Eso lleva haciéndolo Busquets durante una década y ahora le toca al muchacho, que acaba de descubrir las piedras que hay en el camino de los grandes: en Amsterdam, incluso en Holanda, el camino es llano y te han dado vara de mando en plaza; en el Barça eres el penúltimo mono, el camino es incómodo y cada error es una portada. Por eso es tan difícil la adaptación de los niños (tiene 22 años) a los clubes gigantes de nuestra Liga (no sé si en el resto de competiciones hay tanta presión, tanta exigencia inmediata, tan poca paciencia…): pesa mucho la obligación de demostrar cada día cada maldito céntimo que invirtieron en ti.



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