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Javier Caruda de Juanas

Javier Caruda de Juanas


De turistas y señales

14/10/2021

Como todos conocemos llevamos semanas sumergidos en una buenísima dinámica en cuanto a la evolución de la pandemia se refiere. Una incidencia acumulada por debajo de los cincuenta casos posibilita a aquellos que hemos elegido para que tomen decisiones, regalarnos algo muy parecido a la vida anterior al dichoso mes de marzo del pasado año. Las últimas noticias (salvando la desgracia Palmera y el dichoso precio de la luz) han impulsado a la sociedad española a disfrutar del puente del Pilar como si no hubiera un mañana. Bueno, casi todos, que aquí el pasado lunes fue un día de lo más normal, sin puentes, ni días no lectivos de esos. El caso es que nos han bombardeado la cabeza con el millonario número de desplazamientos por carretera, de la comparación con los datos previos a la pandemia, creándonos la casi obligación de tomar carretera y manta para dar con nuestros huesos en cualquier paraje del solar patrio. Añadamos a esto la recuperación de la tan mediterránea costumbre de abrazarnos y besarnos en las salas de espera de las terminales aeroportuarias. Era curioso, si viajabas en AVE podías despedir a tu amigo o familiar con el consiguiente abrazo dentro de la estación, pero si volabas lo tenías que hacer en la calle. En fin, cosas que uno nunca entenderá. Pero no quería yo hablarles hoy de estas cuestiones. Más bien quería hacer una reflexión sobre cómo se han desarrollado estos días para aquellos afortunados que han podido disfrutar de las bonanzas conquenses, que las hay y muchas. 
Con buen criterio se intentó cortar el acceso al casco histórico con el fin de agilizar la visita al mismo mediante el uso del transporte público, así como permitir a los vecinos poder seguir con su rutina diaria. Las imágenes publicadas en diversas redes sociales nos muestran largas colas de coches en Alfonso VIII, así como la presencia de algunos de ellos en calles de los más inusitadas. Debe ser que el turista cuando abandona su hogar no entiende las breves y claras indicaciones que se le dan. Pero esta falta de responsabilidad no debe tapar las carencias turísticas que seguimos manteniendo año tras año, puente tras puente. Evidentemente, hay que regular de una manera mucho más contundente el acceso al casco potenciando la frecuencia del transporte público. De otra manera, la imagen que se proyecta es la de una ciudad superada por la afluencia de visitantes. Ciudad que se empeña, una y otra vez, en no saber contar su propia historia al que llega. Cualquiera que se haya dado un paseo por el centro de Madrid ha leído las diferentes placas que, adornando las fachadas, nos cuentan quién vivió o qué paso…Por aquí, en cambio, son pocas las cosas que contamos al que llega y los pocos puestos que hay, en buen número son completamente ilegibles. ¿Tanto cuesta instalar de una vez una señalética en condiciones? ¿Somos incapaces de mostrar con orgullo qué paso y quién lo hizo? No sé…una breve señal contando por qué se llama así la Plaza del Trabuco sería del agrado de propios y extraños. Y es que, con pocas cosas, le daríamos a la ciudad un cambio interesante.