Sobre ruedas

Leo Cortijo
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'Recicleta', una «iniciativa social» que promueve el uso de la bici para hallar una movilidad sostenible, demanda un apoyo «directo y explícito» a las administraciones y más voluntarios para ofrecer un mejor servicio

Sobre ruedas - Foto: Reyes Martí­nez

La pandemia del coronavirus, entre otros nuevos hábitos, conductas o modas –llámenlo como quieran–, ha traído bajo el brazo un llamativo e inusitado interés por la bicicleta. Algunos le colocan incluso la etiqueta de ‘boom’. En Recicleta, un puntal en la ciudad para todos los amantes de este medio de transporte, confirman esta tendencia y  la achacan directamente a la necesidad predominante de hacer ejercicio después del confinamiento.

En este taller en el que se ofrece un servicio de préstamos de bicicletas destacan que ese ‘boom’ se circunscribe únicamente a una «bicicleta de ocio», lo cual es positivo, apuntan, pero lo ideal sería que éstas se convirtiesen en «elementos vivos» de la ciudad, explica Ignacio Ramis, uno de los voluntarios de Recicleta. Por línea general, estas bicis permanecen en el garaje de lunes a viernes y solo ven la luz del día durante unas horas los fines de semana. En definitiva, «crear ciclistas urbanos» y así cambiar la movilidad de la ciudad. Ese es el espíritu fundamental con el que nació hace en torno a diez años esta asociación, asentada en el barrio de San Antón. Hacer de Cuenca una ciudad más sostenible a través de la bicicleta y dejando de lado el coche es el faro que les marca el camino.

Ellos no han parado desde entonces. A ojo, otro de sus responsables, Jesús Jiménez, subraya que durante todo este tiempo han prestado más de dos centenares de bicis a todo aquel que se ha interesado por la iniciativa. «Incluso nos quedaríamos cortos», recalca. Su labor trasciende más allá de los propios préstamos, y es que Recicleta «rompe un vacío» y «empieza a mover una cadena de distintas acciones» en busca de esa movilidad sostenible, argumenta Ramis. Es más, tienen vigentes convenios de colaboración con diferentes colegios y centros educativos de la ciudad, así como con Aldeas Infantiles, por ejemplo.

Ahora bien, entienden que esa ingente tarea no puede depender únicamente de ellos. Ramis, muy tajante al respecto, explica que necesitan un «apoyo» por parte de las administraciones que, a día de hoy, «no se está dando».

«Para que una persona se mueva con bicicleta y pueda convertirse en un ciclista urbano, necesita que la calle esté acondicionada para ello», señala Ramis, que centra el foco en que la ciudad no es segura para aquellos que se mueven en bicicleta. «Cuenca no es una ciudad adaptada para ser ciclista urbano, no hay una iniciativa por parte del Ayuntamiento», y es que, añade, «estas iniciativas necesitan el apoyo institucional para poder establecerse, para que no solo se mantengan gracias a los voluntarios que hacen mucho esfuerzo para sacarlas adelante con el objetivo de que la ciudad pueda cambiar a un modelo de transporte y movilidad mucho más amable para todos los ciudadanos». Recicleta, sentencia en este sentido, «representa de alguna forma una iniciativa social a la que el Ayuntamiento debería mostrar un apoyo directo y explícito».

Reivindicaciones. ¿Y de qué manera tiene el Consistorio que mostrar ese apoyo? Según entienden desde Recicleta, en palabras de Ignacio Ramis, garantizando una «integración de la movilidad en bicicleta en el espacio del vehículo», lo que se consigue a partir de una «señalización eficiente» y de «limitar espacios en los que el automóvil no pueda entrar y en los que la bicicleta esté protegida». Una ciudad libre de emisiones precisa que sus arterias principales estén habilitadas para el uso de otros medios de transporte personal.

Por otra parte, Ramis considera que se necesita también una importante labor de «concienciación y promoción» del uso de transportes alternativos. Resulta evidente que el conquense, en la enorme mayoría de casos, necesita cambiar sus hábitos de movilidad. En Recicleta creen que es una «labor de educación», que en una parte asumen colectivos como éste, pero que también precisa de las instituciones, «que están paradas». Según argumenta Ramis, «no existen acciones educativas directas para trasladar al ciudadano que utilizar la bicicleta es mejor que el automóvil». En definitiva, es un cambio de mentalidad que demanda «acción directa» por parte de la Administración, que permanece «absolutamente parada».

Más voluntarios. En este momento, Recicleta abre sus puertas al público solo cuatro horas a la semana: los jueves, de seis a ocho de la tarde, y los sábados de 12 del mediodía a dos. Eso se debe, fundamentalmente, a la falta de voluntarios, pues tienen sus trabajos y quehaceres ineludibles. «Venimos cuando podemos, es altruista y el tiempo libre lo dedicamos a más cosas», señala Jesús Jiménez. Por esa razón, desde el colectivo hacen un llamamiento para que el grupo de voluntarios se incremente. De esa forma aumentarán las horas de atención al público y, por tanto, mejorará el servicio.

La labor que desarrollan en Recicleta es encomiable. Reciben las bicicletas que la gente dona porque ya no usan o porque no funcionan correctamente. Si se pueden reutilizar, las ponen a punto para que tengan una «segunda vida» y si no, las despiezan y utilizan esas partes para arreglar otras. A los niños se las proporcionan totalmente gratis, especialmente a los que cuentan con menos recursos, mientras que a los adultos se las prestan con una fianza simbólica de 30 euros.

Además de este sistema de préstamos, Recicleta es un «taller abierto al público», destaca Jiménez, en el que instruyen sobre las nociones básicas del mantenimiento de una bici, como por ejemplo arreglar un pinchazo o enderezar el manillar. El objetivo es que esos ciclistas urbanos que salen de este colectivo sean «autosuficientes» gracias a estos aprendizajes. Asimismo, si aumentaran los voluntarios se podrían desarrollar más ‘paseos de verano’, y es que prestan bicis para dar un paseo por la ribera del Júcar, aprovechando su privilegiada ubicación.