"La manera de frenar a un niño violento es plantarle cara"

Javier Villahizán (SPC)
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"La manera de frenar a un niño violento es plantarle cara"

Los expertos en acoso María Zabay y Antonio Casado explican en 'Todos contra el bullying' que el agresor busca el aplauso ajeno, por eso la víctima debe pararle en seco desde el minuto uno

El bullying, un fenómeno tan antiguo como oculto, se ha convertido en uno de los males del siglo XXI para los escolares. Tal es la preocupación por este maltrato físico y psicológico que no solo profesores y padres se han puesto manos a la obra para detener esta realidad, sino que toda la sociedad en su conjunto, desde psicólogos a jueces y periodistas, intentan revertir esta tendencia con el objetivo de defender y proteger al menor del acoso escolar.
María Zabay y Antonio Casado, ambos abogados y especializados en este hostigamiento entre chavales, han escrito un libro (Todos contra el bullying, Alienta Editorial) en el que detallan cuáles son las conductas concretas del agresor, el perfil de la víctima y lo que se debe hacer ante un acontecimiento de maltrato en las aulas.
Los autores lo tienen claro. Los agresores «buscan el aplauso ajeno» y hay que pararles en seco, por eso «la mejor manera de frenar a un violento es plantarle cara», subrayan al unísono.
El comienzo del texto pone en situación al lector en tan solo un párrafo. Los expertos describen con absoluta crudeza el caso de una pequeña llamada Lucía: «Era un niña de 13 años de una pedanía de Murcia que decidió acabar con su vida el pasado 10 de enero de 2017 tras haber estado sometida, durante dos años, a un incesante hostigamiento por parte de sus compañeros de colegio».
Precisamente, eso es lo que intentan que no suceda con Todos contra el bullying. La historia de Lucía debe hacer reflexionar a la sociedad y a las víctimas de que ese no es el camino.
Los escritores puntualizan que una colleja dada esporádicamente o impedir que un compañero de clase juegue en tu equipo de fútbol porque no le gusta ese deporte o porque es torpe no es sinónimo de acoso escolar. Ellos definen esa conducta como el hecho de «proporcionar, de manera reiterada e intencionada, un trato degradante grave de un menor o un grupo de menores hacia otro más débil, sometiendo a la víctima a una situación de humillación e indignidad». Precisamente, Zabay precisa que se debe entender como trato degradante «aquellos actos reiterados que pueden crear en las víctimas sentimientos de terror, de angustia y de inferioridad, que son susceptibles de humillarles, envilecirles y de quebrantar su resistencia física y moral».
personas conflictivas. Aunque no hay un perfil concreto de cómo es el posible agresor, los especialistas subrayan que «suelen ser chicos problemáticos o con ciertas inseguridades», pero «los hay desde el que le gusta reírse de la gente sin ser consciente del daño que puede hacer, hasta el que tiene rasgos sociópatas o psicópatas y disfruta golpeando o haciendo el mal a los demás».
En cualquier caso, se trata de personas con fuerte necesidad de dominar, impulsivos y que siempre se quieren salir con la suya, entre otras cualidades. 
En el caso de la víctima, esta suele poseer unos rasgos más definidos, como una sensibilidad especial, ternura, retraimiento y prudencia, destacan los autores.