TERCERA SALIDA

Jesús Fuero


Nuestra verdad no les basta

En la vida se recorre un río o camino lleno de incongruencias que casi nunca sabemos a dónde nos llevará. Muchas veces parece que triunfa el absurdo cuando vemos que el mediocre en apariencia triunfa, que algunos mequetrefes parecen tener más suerte que otros que son honrados y trabajadores, incluso más inteligentes. Los gobernantes no se distinguen en algunos casos del malote del pueblo que parece sacar provecho de casi cualquier circunstancia. Y es que ya lo decía nuestro Fray Luis de León, «Para hacer mal, cualquiera es poderoso». Del mundo de locos en que vivimos hay muchas cosas que escapan a mi comprensión. Ninguna muerte infligida por el hombre, por merecida que la creamos, es más necesaria que nuestra vida. Las guerras son para mí un sinsentido que alguna vez he creído necesario. No comprendo esa obsesión por mantenerse en el poder de algunos a costa de lo que sea. No entiendo que se atente contra los cristianos desde hace siglos y lo cristiano en el mundo y que todavía en España, asimismo, se les ataque desde las instituciones. Pero desde la niñez del hombre ya se dan este tipo de comportamientos, luchas, traiciones, violencias. Se pisotea al débil, y al que es diferente por lo que sea se le margina, y a veces aunque no lo merezca se le persigue. Conocí a un niño que no siguió la corriente actual, que no imitó los estereotipos y se mantuvo al margen de la corriente que le rodea, algo que ahora que es adolescente lo hace único, raro diamante, valioso, necesario para la esperanza, anónima ilusión. Conozco otro joven que quiere seguir la corriente del mundo, pero que la corriente del mundo lo margina una y otra vez de manera casi inexplicable, que sufre esa violencia silenciosa, callada, por no pertenecer del todo a la corriente que domina a la juventud, cual trozo de corcho que flota en la corriente esperando ser atrapado por ella sin conseguirlo, quedando a veces atrapado en el junco de la orilla, que en el estiaje se queda varado entre guijarros esperando que el nivel de la corriente suba y lo arrastre. Todos sabemos que muchos jóvenes se han lanzado sin miramientos a la corriente dominante; unos siguen por la orilla; otros están en la corriente principal; y los demás arriba y abajo. También los hay que han sido arrastrados al fondo, unos convertidos en arena y otros en lodo. Son tiempos en que para sobrevivir parece que hay que disolverse en esa corriente despótica y juguetona, caprichosa, que empapa la sociedad supuestamente humana que hemos construido. Corriente capaz de llenar un campo de futbol, una procesión, el camino a la playa, o hacer subir en bolsa algunas marcas que casi todos ansían tener. ¿Si el interés que sea priva en las relaciones humanas qué lugar ocupa el desinteresado? ¿Si al que tiene más se le ensalza, cómo no van a tener imitadores? ¿Ser o tener? Le pidieron al filósofo Stilpón que hiciera una lista de lo que habían robado en el saqueo de la ciudad, y el contestó: «No me falta de nada, pues sigo conservando mi saber, mi educación y mis principios».