LA OTRA MIRADA

Ilia Galán

Poeta y filósofo


Selfie autorretratado

La abierta capilla mantenía su clima de recogimiento, mientras algún devoto oraba, cuando entró una parejita de turistas. Inspeccionaban sus maravillas, Roma tiene muchas en sus templos. De pronto, la joven se puso en medio del pasillo, delante, frente al altar, como si no existiese la vergu?enza, y comenzó a hacer morritos lindos y poses. Su compañerito le hizo varias fotografías, estropeando las meditaciones de quienes ahí acudían para ahondar en el mundo interior. La vanidad es barniz asombroso que cubre todo tipo de lacras, camuflándolas bajo un superficial pero contundente maquillaje. Lo que no es uno por sus hermosas obras, se confunde por una apariencia supuestamente importante, lo que otros consideran y así muchos devienen esclavos de la general opinión. Recordé otro momento, en Egipto, donde un americano se encaramaba al pulpito de una mezquita con similares afanes... Comprensible fue el odio musulmán ante tan estúpida irreverencia. Es ya extraño hallar gentes respetuosas y reverentes en estos tiempos de hamburguesa que hacen crecer los centros norteamericanos de comida rápida incluso en la ilustre ciudad de Florencia. Las hordas turísticas a menudo son tan numerosas que arrasan ciertas zonas del planeta y, entre sus mesnadas, no pocos cretinos se desparraman. No son ya solo las fotografías que unos a otros se lanzan y en Internet colocan para que todos vean lo que comen o compran, lo que quieren mostrar de sí mismos, lo que aparentan ser. Ahora son también las imágenes que con los nuevos dispositivos uno a sí mismo se hace, autorretratos, hasta el punto de que en Auschwitz se ha pedido evitar los selfies mientras se visita el campo de concentración por la vanalización de ese momento que tendría que ser de tremendo aprendizaje y recogimiento, de espanto ante lo que los seres humanos pueden ser: ángeles maravillosos -lo vemos en artistas, científicos o santos- pero también imbéciles siniestros, cerdos horrendos, demonios repugnantes. Un millón de muertos en aquella fábrica, inhumana, de tormentos. Se ruega evitar que se hagan los visitantes fotos en actitudes frívolas. Nuestra cultura política no es muy diferente a la del autorretrato, selfie, en la americanización mental que disuelve nuestra sociedad. Consumo, placeres, cultivo, que no cultura sino del yo, del dos veces yo, reyo, tres o mil veces yo, rey de mis universos sin preocuparme de los ajenos. Basta ver a nuestro presidente del gobierno en sus pavoneos, a algunos candidatos a serlo en sus meneos, cáscara, y mala, de una sociedad que parece florecer con mil y una opciones pero que luego se queda en hueca, pues son los frutos los que hacen fecundas las relaciones. El próximo paso será ver a quien sonríe ante sí mismo, para retratarse en un atentado, entre los cadáveres destrozados que algún fanático provoque.