COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Los rehenes del 'Open Arms'

Diagnóstico, tratamiento, efectos secundarios... Todo con respecto a la crisis humanitaria que supone las migraciones consecuencia de la huida de guerras, hambrunas, o la situación en Estados fallidos es conocido, también las fórmulas para abordar un movimiento de población que desborda fronteras y los efectos indeseados que provoca, por la actitud de determinados países, o por la repercusión en su política interna. Los 107 migrantes que aún permanecen a bordo del Open Arms pueden dar cuenta de todas estas peripecias vitales vividas en Libia primero, en el mar después a la espera de ser desembarcados y luego donde acaben recalando sus huesos tras su reparto por los países que han decidido acogerlos tras arduas negociaciones.

Que la Unión Europea carece de una política migratoria común, que Bruselas a los sumo hace de mediadora o de canalizadora de las peticiones de los gobiernos, es ya un lugar común. Bruselas ni está ni se le espera y menos en una situación de transitoriedad hasta el nombramiento de la nueva Comisión. Así los migrantes del Open Arms se han convertido en rehenes del Gobierno italiano que no ha permitido su desembarco en las costas de Lampedusa cuando el barco se encontraba a menos de un kilómetro de puerto. El ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, se ha comportado con una chulería impropia del representante de un país, y ha puesto en evidencia que actúa movido por sus intereses personales para lo que no duda en saltarse las ordenes de la justicia e incluso de su propio jefe de Gobierno. Una actitud solo entendible porque busca la convocatoria de elecciones anticipadas en las que espera dar el sorpasso al M5S y a esa estrategia sirve su dureza con los rescatados por el Open Arms.

Atribuir al Gobierno español 'bandazos' en la crisis generada por el Open Arms es un recurso fácil. Ya sea por el cambio de actitud con respecto al rumbo del barco y el destino de los migrantes, o por el cambio de ofrecimiento de un puerto seguro, -Algeciras, Mahón...- o por la batalla perdida frente a los exabruptos de Salvini, la oposición a aprovechado para señalar las contradicciones del Gobierno en materia migratoria sin proponer soluciones. Salvo Vox, en la línea italiana. Una política que necesita también de clarificación, de cumplimiento de la legalidad con visión humanitaria y de acuerdo entre administraciones de distinto signo para encontrar soluciones adecuadas.

La crisis del Open Arms ha dejado en evidencia a todos los actores que han participado en ella. Al Gobierno español por mostrarse errático, al italiano por su insensibilidad, a la Unión Europea por su comodidad y a la propia oenegé por su actitud. Acusar a Proactiva Open Arms de tráfico de personas es una villanía. Pero no toda la actuación de sus directivos ha sido correcta. El barco pudo entrar en un puerto maltés y lo rechazó; realizó una campaña publicitaria con Richard Gere como protagonista; no utilizó la oportunidad de la decisión de un juez italiano, que anuló la orden de Salvini por la cual se incrementaban las multas a quienes entraran en puertos italianos con migrantes, y no se atrevieron a actuar como la capitana Carola Rackete al mando del Sea Watch-3 par desembarcar a los rescatados del Mediterráneo, con lo que habrían dado cumplimiento a llevarlos al puerto seguro más cercano. Con todas las consecuencias.


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