CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


A contrarreloj

Se pueden seguir haciendo todas las especulaciones que se quieran, pero a dos semanas de que finalice el plazo para la convocatoria de elecciones generales no hay absolutamente ningún indicio de que puedan evitarse. Al contrario. Se advierte que las posiciones están cada vez más distanciadas, las relaciones entre los dirigentes políticos son de desconfianza creciente, Sánchez no mueve un dedo para someterse a una sesión de investidura, y tanto Ferraz como Génova andan a vueltas con la organización de la campaña electoral. Los responsables de analizar las encuestas en esos dos partidos coinciden en sus conclusiones: que se dejen de fantasías los que dicen que pueden sacar 150 o 160 escaños. Mientras haya cinco partidos en liza, que el mayor llegue a los 140 escaños es como para darse con un canto en los dientes. Es decir, que cuando se inicie una nueva legislatura, la cosa no va a cambiar mucho respecto a la situación actual: ya estabilidad del nuevo gobierno solo puede lograrse con un inteligente, sólido y leal acuerdo de coalición, o con un partido que apoye a la investidura de quien para pasar a continuación a la oposición con un inteligente, sólido y leal compromiso de sacar adelante las cuestiones que son fundamentales, como los Presupuestos Generales del Estado o oponer pie en pared ante las exigencias independentistas.

Esta semana precisamente los independentistas tratarán de alzar la voz contra España. El día 11 celebran la Diada con un planteamiento en el que una vez más tergiversan la historia, pero eso ya no hay quien lo cambie. Lo que sí cambia es que desde hace tres años los asistentes a las manifestaciones de la Diada son cada vez menos numerosos y, lo más importante, menos reivindicativos. Se advierte de lejos que no están conformes con que Puigdemont les marque el paso y que les haya impuesto un presidente de la Generalitat que además de no gobernar desprestigia la institución; se dan cuenta de que decrece el apoyo internacional o llega de instituciones de medio pelo, y ya nadie da por seguro aquello que prometía Puigdemont, que se tocaba la independencia con los dedos de la mano. No va a ocurrir, y lo que se negociará, cuando se negocie, es una mayor autonomía, como ocurrirá con el resto de los territorios, pero pueden olvidar ir más lejos. Solo Podemos les bailaría el agua y no se encuentra el partido de Iglesias en la mejor de las circunstancias. Ha dado unos bandazos con fugas muy significativas, y dentro se escuchan voces que se quejan de que el líder de Podemos dejó escapar en julio la oportunidad de entrar en el gobierno con una vicepresidencia y tres ministerios.

Si no aparece esta semana una varita mágica, el propio Sánchez anunciará que no va a la investidura o el Rey, tras la consulta pertinente, comunicará a Sánchez que no cuenta con los votos necesarios.