COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Haz y envés de la misma hoja

31/01/2020

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha decidido mantener la reunión con el presidente de la Generalitat, Quim Torra el próximo jueves y posponer la mesa de negociación bilateral pactada con ERC. La doble decisión supone incumplir con el compromiso adoptado y al mismo tiempo dar preeminencia a la coda añadida del encuentro entre presidentes que fue exigida como paso previo al comienzo del diálogo y que Sánchez enmarcó con una nueva ronda de café para todos con los presidentes autonómicos.

La rapidez con la que se suceden los movimientos políticos en Cataluña trastocan todas las estrategias a largo plazo para dar una solución al expediente catalán que vuelve a entrar en un impasse de medio año, que afectan tanto al Principado como a la gobernabilidad de la nación. Poco o nada se puede esperar de la reunión entre Sánchez y Torra, con posiciones tan diametralmente opuestas, que será lo más parecido a un diálogo de sordos.

Con esta decisión es Pedro Sánchez, quien más tiene que perder, porque a los ataques de la oposición, contraria a cualquier medida política que no sea la aplicación del artículo 155 de la Constitución, se añadirá la posición irredenta de Torra que condiciona todo diálogo posterior a las garantías que reciba sobre el derecho de autodeterminación -inexistente e imposible de conceder- y de la amnistía de los presos, igualmente inconstitucional.

Si ya es objeto de debate el hecho de que Torra sea o no el presidente catalán tras haber sido despojado de la condición de diputado autonómico, de lo que no existe ninguna duda es que su mandato y no solo la legislatura, está acabado políticamente, y no puede comprometer nada que no sea tomar nota de la disposición del Gobierno a dialogar sobre todos los aspectos, los que interesan al independentismo y los que proponga quien está más preocupado por mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. En ese sentido es razonable la posición del Ejecutivo de desplazar cualquier tipo de diálogo entre gobiernos hasta que, en efecto, las urnas hayan fijado el nuevo escenario catalán: si existe la posibilidad de que se forme un nuevo tripartito integrado por ERC, PSC y 'los comunes', que a su vez consolidaría la coalición del gobierno en España, que necesita de los votos de ERC para sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado, o si se produce una nueva alianza de posconvergentes y republicanos vigilados por los antisistema de la CUP.

Pedro Sánchez podría haber utilizado el cambio de circunstancias en Cataluña con la convocatoria en diferido de las elecciones autonómicas para abortar la reunión con Torra, pero ha decidido correr el riesgo de una nueva emboscada como la que padeció en la última reunión en Pedralbes y no abjurar de su disposición al diálogo, como medio para llegar a soluciones. Más allá del encuentro del próximo jueves el futuro del diálogo depende de la posición de ERC. Por lo pronto el vicepresidente catalán, Pere Aragonès, ha afirmado que su partido garantiza que el diálogo que se ha abierto “no se cerrará”. No es una posición uniforme porque dentro de ERC hay quien pone el acento en la vulneración del acuerdo, con lo que no es despreciable la posibilidad de que una vez más ERC pueda dar la espantada. Todo son lances de la campaña electoral que se inició el miércoles.