CRÓNICA POLÍTICA

Fermín Bocos

Periodista y escritor. Analista político


'Sic Transit'

José Blanco, Cipriá Císcar, Soraya Rodríguez, Elena Valenciano, José Enrique Serrano, Cristóbal Montoro, Fernando Martínez Maíllo, José Manuel García-Margallo, Fátima Báñez, Carlos Floriano, hasta hace dos días, lo eran todo en el PSOE o en el PP. Mando en plaza y coche con chófer. 
Ahora, tras la llegada de los nuevos dioses -Pedro Sánchez y Pablo Casado-, han pasado a ser historia. En dos días se habrán olvidado de ellos hasta los cómicos a los que tanto juego dieron. Vivimos tiempos sin apenas tiempo para la memoria. Solo cuenta el último discurso, el último gol, el último artículo. 
Pedro Sánchez ha laminado a todos aquellos diputados que un día fueron partidarios de Susana Díaz o a los que percibe como tibios ante su liderazgo. Blanco fue vicesecretario general del PSOE y también fue implacable a la hora de hacer las listas de candidatos a mayor gloria de Rodríguez Zapatero que era quien reinaba entonces en el partido. Quiero decir con eso que, aunque hasta el último minuto parece que Blanco alimentó alguna esperanza de seguir en las listas de Bruselas, a él no le ha debido sorprender que Sánchez le haya dejado a la intemperie. El presidente del Gobierno tiene razones personales para el resentimiento y las acaba de expresar expulsando de las listas de candidatos al Congreso a más de la mitad de los nombres de los diputados que formaban parte del Grupo Socialista. 
Lo de Pablo Casado es otra cosa y quizás se explique por la falta de seguridad en su propio y recién estrenado liderazgo. Inseguridad que le lleva a rodearse de políticos de edades y falta de experiencia similar a la suya. Es un reflejo autodefensivo que probablemente va más allá de ajustar cuentas con aquellos de sus compañeros que en las primarias, cuando se disputaba la presidencia del PP, apoyaran a Soraya Sáenz de Santamaría. Aunque el resultado es parejo: laminación de una parte importante de los nombres que habían acompañado a Mariano Rajoy en las últimas legislaturas. Auténticas vacas sagradas del partido que han tenido mucho poder en la vida política española. De manera inexorable el tiempo nos alcanza a todos, pero cuando la caída en desgracia es obra de la voluntad de otro, sabe peor. Es un trance amargo que invita a reflexionar acerca de la inconsistencia de la base sobre la que se asientan las humanas vanidades. Ayer, algunos de estos nombres hoy caídos, eran seres poderosos y señalados que salían y entraban en las escaletas de los telediarios. Hoy van camino del olvido. Sic transit. Efímera es la gloria.