LA FORTUNA CON SESO

Javier Ruiz


El peligro que nadie ve

El peligro que nadie ve de la convocatoria de otras nuevas elecciones es que el personal empiece a preguntarse para qué sirven los partidos políticos. Llevamos una década en crisis y todo el mundo ha hecho su reciclaje y ha pasado las horcas caudinas. Todos en el sector privado, porque el público no sólo no ha reducido su peso, sino que volvió a incrementarlo en cuanto vio las primeras señales de humo que anunciaban cierta recuperación. La punta de todo este iceberg pantagruélico son los partidos políticos, que no sólo no renunciaron a seguir financiándose con el dinero de los contribuyentes ni a reducir cierta representatividad en las instituciones, sino que continúan siendo auténticas agencias de colocación para quienes militan o se encuentran en aledaños. La cuestión no es nueva ni supone noticia alguna. Lo verdaderamente relevante de la actual situación es que esos mismos partidos políticos que suponen un gasto al contribuyente no son capaces de realizar de forma efectiva su trabajo. Incluso constituyen ya un cierto problema para la opinión pública, en tanto que no hacen más que devolver la pelota al tejado del sufragio. Como si tuviéramos que votar hasta que saliera el resultado que sus señorías reclaman.
 Es indecente este espectáculo que sin escrúpulo alguno ha dado nuestra clase política. El tetrapartito electoral ha demostrado por qué las democracias más longevas han preservado de forma más o menos efectiva el bipartidismo imperfecto. La llegada de la nueva política no ha supuesto más que desafección y populismo, uno de izquierdas y otro de derechas. Rivera pidiendo la hora al filo mismo de la bocina después de todo un verano desaparecido produce sonrojo entre un electorado que depositó en él la confianza para centrar la vida política. Lo único positivo que ha traído esta última entrega es que la corte entera ha visto que el rey está desnudo. Pedro no quería negociar ni a izquierdas ni a derechas. La respuesta dada a la oferta de Rivera es indecente y el chocolate del loro, sólo apta para muy cafeteros. Lo de Navarra es infumable, por más que los socialistas del resto de España le quiten hierro o importancia. Ahora el Psoe enfatiza que no es bueno depender de los indepes. Eso ya lo sabíamos y es cierto que Pedro no ha cedido. Pero lo que muchos españoles no podremos perdonar es que de las urnas de abril saliera una clara mayoría de centro izquierda que ni siquiera se haya planteado con mínima seriedad un acuerdo o pacto mucho más fácil y llevadero que cualquier otro que hubiera podido darse antes en nuestra democracia. Los odios africanos no pintan nada en política. Los tiene uno en su casa y punto.
 Alguien podrá pensar que el artículo tiene un toque alarmista. No veo nada que pueda sustituir a los partidos políticos, pero eso no significa que no pueda ocurrir algo que ahora no atisbamos en el horizonte. La república no se vio hasta un año antes, cuando el rey ya estaba desacreditado y Primo de Rivera, quemado como la pipa de un indio. Más tarde, la izquierda esperaba un golpe fallido para desarmar a la derecha y se produjo una guerra de tres años. Las previsiones las carga el diablo. No es bueno jugar con el destino ni ser tahúr del Misisipi. Sobre todo, habiendo tenido en la mano el pájaro de la gobernabilidad desde el centro.
 Pedro Sánchez llegó hace cinco años a la política española y, desde entonces, ha habido cuatro elecciones, una moción de censura y una sensación de inestabilidad como nunca antes en democracia. A ver si el problema va a ser él.