Ladrones de sueños

Leo Cortijo
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Casasimarro es la cuna de 'El ladrón de sueños', un musical hecho por niños, con texto y música originales, orquesta en directo, una puesta en escena grandiosa y que ya ha conquistado a cientos de espectadores

Ladrones de sueños - Foto: Reyes MartÁ­nez

Elisa, Maiko y Laly, tres niños que desean hacer realidad sus sueños, viven tranquilos en un pequeño pueblo. Hasta que un día una peculiar banda de ladrones entra en sus dormitorios para robarles sus sueños. Con la ayuda de la gran hechicera y el público que presencia la función, los protagonistas emprenden un viaje en busca de la guarida de los cacos. Elisa, Maiko y Laly se verán envueltos así en una fantástica y azarosa aventura que les llevará a recuperar sus ilusiones y a descubrir que todo aquello que imaginaban, por fin, se convierte en realidad.

Esta es la historia que narra El ladrón de sueños, un musical hecho por niños, con texto y música originales, orquesta en directo, una puesta en escena grandiosa y que ya ha conquistado a cientos de espectadores. Este proyecto educativo, único en la provincia, encuentra su epicentro en Casasimarro, y en concreto en su Escuela Municipal de Música. Dicen que quienes lo ven no solo abandonan el teatro sorprendidos, sino que, incluso, repiten. Y razones no faltan para hacerlo... Las diferentes especialidades de la música y las artes escénicas suben al escenario para conquistar los corazones.

El alma máter de este proyecto es Juan Carlos Simarro, profesor y director de la Escuela de Música. Hace una década, este enamorado de la composición comenzó a fraguar en su cabeza una idea única y maravillosa. Por entonces, El ladrón de sueños no tenía orquesta en directo y la puesta en escena no era tan ambiciosa como la de ahora. Pero aquel punto de partida –que les llevó durante dos años a realizar entre 60 y 70 actuaciones por toda la región– son los cimientos sobre los que se construye la actual representación.

Poco a poco «y por el empuje de los niños», Juan Carlos se animó a dar un paso al frente y a conjugar música y texto en todas sus vertientes en un espectáculo «hecho por ellos y para el público en general». Todo lo que engloba El ladrón de sueños ha salido de su cabeza, desde la historia que cuenta hasta los 27 temas musicales que componen la obra, pasando por los decorados, la vestimenta o las coreografías. «Está creado desde la nada», recalca este gran entusiasta de la música.

Ahora bien, durante su composición, en los casting y en la puesta en escena, Juan Carlos ha contado con un grupo de «pilares clave» para armar esta «auténtica fantasía», que pone sobre el escenario a unos 25 actores de entre 4 y 18 años. Las profesoras Marina González (canto), Cristina Herráiz (baile) y Teresa Valeriano (interpretación) han llevado a cabo una función «titánica». Como también ha sido vital el trabajo en las labores de orquestación de los compositores Jesús Cantos y Alberto Pinar, así como el papel de la Unión Musical Lira, dirigida por Pedro Antonio Sahuquillo, que acompaña la representación. Juan Carlos tampoco se olvida de su hermano Miguel Ángel, que ha realizado «varios arreglos musicales más específicos» ni de los «sufridores» padres, que «siempre han estado y están ahí para todo lo que hemos necesitado».

Y es que este, entre otros, es el espíritu de El ladrón de sueños, «los muchos valores humanos que hemos aprendido tanto los niños como los padres y los profesores». Juan Carlos define a la compañía, sencillamente, como «una gran familia». Y la verdad es que viéndoles actuar uno diría que lo son, por supuesto que sí, pero además bien avenida.

El ladrón de sueños es una auténtica montaña rusa de emociones y sensaciones. «Quería que la historia, apoyada en la música, tuviera un significado, un sentido y una moraleja», destaca el creador. No solo lo ha conseguido, sino que también ha hecho posible que los niños transmitan emociones muy dispares en la misma obra: intriga, alegría, tristeza, miedo... «El resultado final es muy completo», añade. Además, el musical tiene un ritmo frenético, pues «no hay ni un solo segundo de pausa durante su hora y media de duración, a un lado y a otro del telón».

En Casasimarro han ofrecido seis pases, y en todos ellos agotaron todo el papel que había en taquilla. «Es algo que jamás se ha dado en la localidad», destaca orgulloso Juan Carlos. Es más, «ha habido veces en las que las entradas han durado dos horas y hay gente que incluso ha visto la obra en varias ocasiones». Con estos resultados no es de extrañar que se ilusionen con llevar su musical a otros puntos de la provincia. De hecho, están en contacto con otros ayuntamientos para que les abran sus puertas. Pero no pararían ahí. Su sueño es desembarcar en ciudades cercanas como Cuenca o Albacete. Ya empiezan a pensar, incluso, en la producción de una segunda obra, El viento en los sauces.

Con todo, lo que el impulsor del proyecto lleva por bandera es lo «gratificante» que resulta trabajar con niños. «A veces aprendemos nosotros más de ellos que ellos de nosotros», argumenta. Y más cuando son de edades tan dispares y sus pensamientos son tan diferentes. «Así te das cuenta de que los adultos nos complicamos la vida con cosas que no merecen la pena», destaca con toda la razón del mundo, y es que «son disciplinados y aprenden muy rápido, lo hacen todo con enorme ilusión, disfrutan al mismo tiempo que aprenden y se sienten realizados». Palabra de maestro. Dicho queda. 

Una escuela de música referente en la provincia. Con unos 300 alumnos y 11 profesores, la Escuela de Música de Casasimarro merece mención especial. Sus orígenes se remontan al inicio de este siglo y desde entonces no ha parado de crecer. En 2003 se constituyó como centro docente homologado y de ella ha salido un notable grupo de alumnos que ahora profundizan en conservatorios superiores. Tal y como explica su director, Juan Carlos Simarro, todo el mundo es bien recibido, «desde cero a 99 años», y además con todas las disciplinas cubiertas, «desde musicoterapia para bebés hasta el Grado Elemental, pasando por música moderna y tradicional o artes escénicas, por ejemplo».

«La música fortalece el rendimiento y el crecimiento personal de los alumnos». Para Juan Carlos Simarro, alma máter de El ladrón de sueños, la música desempeña un papel «imprescindible», sobre todo como «medio de comunicación para transmitir y sentir emociones». Eso es lo que el también director de la Escuela de Música de Casasimarro traslada a sus alumnos en su día a día. «A los chicos les fascina ver la cantidad de sensaciones que pueden despertar en el público», argumenta. Por esa razón valora la labor del docente, y como éste debe enseñar «con dulzura y cariño» para que «entiendan la música de una manera divertida, entretenida y bonita». Solo de esa forma la música se puede convertir en un «pilar clave» para «fortalecer el rendimiento y el crecimiento personal de los alumnos». Y, además, termina Juan Carlos, «es algo que les acompañará el resto de sus vidas de forma maravillosa».