Tiempos de swing

Sonsoles Arnao


Rutina y farsa

La historia se repite dos veces, una como tragedia y la otra como farsa. Esto nos dice Marx recordando a Hegel en su brillante análisis ‘El 18 brumario de Luis Bonaparte’ sobre el golpe de estado del sobrino de Napoleón en 1851 después de haber ganado las elecciones en 1848.  
Farsa y tragedia en este nuevo curso político que empieza tal y como acabó. Un país sin gobierno ni propósito de que lo haya, la administración general en funciones superando su propio récord y unos partidos políticos dispuestos a convertir la política en un eterno campo de batalla electoral. Unos creen que no han tocado techo y otros que aún hay suelo hasta donde descender.
Y nos arrastran con ellos. Hasta que votemos como dios manda y volver a la rutina. La misma que queríamos dejar atrás cuando fuimos a las urnas y que estos días vuelve a dominar el panorama político dispuesta a manejar nuestras vidas. La de los trenes y autobuses que se paran en las vías del oeste, la de nuestros ríos contaminados, secuestrados y trasvasados, la de los datos del paro tras el espejismo de las vacaciones o la de los fondos bloqueados para atender la dependencia.  
Nos come la rutina. En política hay algo peor que hacer las cosas mal y es no hacerlas. ¿Pasa algo cuando no pasa nada? Sí, sí que pasa. La rutina es hastío, un callejón sin salida, pereza y aburrimiento. Y así nos quieren, aburridos en la rutina. La política tiene sentido cuando camina contracorriente, avanzando, resolviendo, cambiando, como ese baile capaz de reinventarse sin parar el ritmo.  Sobra rutina y falta swing.
No sé si eres de los que con desgana y morriña vacacional, arrastras los pies al trabajo los primeros días después del verano y conectas con la rutina tal y como la dejaste. O por el contrario, encaras el nuevo curso con ganas, dispuesto a provocar cambios y no dejarte arrastrar por la corriente. Yo me apunto a lo segundo. Con las pilas cargadas, cuadro nuevos horarios, deberes y extraescolares, asumo el reto de esta columna semanal para La Tribuna y me corto la melena. Septiembre como el comienzo de algo.