CARTA DEL DIRECTOR

Francisco Javier Martínez


La hora de la política real

La sociedad española está consternada por los sucesos acaecidos en los últimos días a lo largo y ancho de Cataluña. Los disturbios que colapsan ciudades y pueblos son sólo la primera consecuencia de décadas de desconexión y dejadez del Estado con una comunidad autónoma histórica como es Cataluña. Ahora ya no quedan paños calientes ni excusas que dar por parte de nuestros dirigentes políticos, ahora es el momento de actuar con firmeza y determinación, y con esto no quiero decir que España envíe a las fuerzas armadas para recuperar el control. Quiero decir que nuestros políticos, en funciones o no, deben ser implacables y solucionar este callejón sin salida al que nos llevó Jordi Puyol y compañía, véase Artur Mas, Carles Puigdemont y Quim Torra, entre otros.
La sociedad española pide soluciones, no que cedan ante sus amenazas veladas, como lo hicieran Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, ni hagan el don Tancredo, como Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. Es el momento de la política real, de la política con mayúsculas, esa que tanto echan de menos los españoles.
En estos días, en una radio nacional, escuché las quejas de catalanes o residentes en Cataluña que se sienten españoles y no se quejaban de las barricadas ni de los altercados, expresaban su decepción hacia los dirigentes de su país, a los que acusaban de haberlos abandonado a su suerte durante años. La conclusión que obtengo es que el sistema de las autonomías está desbordado. En su nombre, las mal denominadas comunidades autónomas históricas -¿acaso Castilla y León no es también histórica?, por ejemplo- consiguieron una serie de privilegios que supusieron el principio de la desconexión, en la práctica, de estos territorios del Estado. De forma callada el sistema educativo catalán formó a los intransigentes que hoy queman contenedores en Barcelona. ¿Dónde estaba la autoridad estatal en la materia para vigilar por que hubiera unos mínimos conocimientos y no se tergiversaran las materias? Ahí reside el quid de la cuestión, pero parece que ahora todos silban al aire y nadie quiere asumir su parte de culpa.
El Estado debe restituir el orden y desmontar la patraña que los independentistas inocularon en las nuevas generaciones para tapar sus vergüenzas.
Mientras tanto, miramos con preocupación hacia Cataluña y deseamos que las noticias nos transmitan que la exaltación se rebaja y que el diálogo aflora, pero mucho me temo que Torra y compañía están más por la labor de la algarada, porque, entre otras cosas, se quedaron sin argumentos.


Las más vistas