Mascarillas, la primera barrera

EFE
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La conveniencia de un uso obligatorio de estas protecciones genera un intenso debate, ya que hay países que no las ven esenciales y temen el desabastecimiento, y otros que tienen en el foco a los asintomáticos

Mascarillas, la primera barrera - Foto: Óscar J.Barroso Europa Press

Aunque la OMS sigue sin recomendar mascarillas a personas sanas sin contacto con infectados por COVID-19, su uso en espacios públicos se ha extendido por todo el mundo. En España, el Gobierno empezó a matizar el criterio genérico de la OMS el pasado 3 de abril, cuando el titular de Sanidad, Salvador Illa, avanzó que estudiaba la posibilidad de recomendar u obligar a la ciudadanía a usarlas cuando saliera a la calle, si bien puntualizó que seguirían el criterio de los expertos. 
La semana pasada, las Fuerzas de Seguridad repartieron 10 millones de mascarillas higiénicas entre los trabajadores que regresaban a su actividad y necesitaban desplazarse en medios de transporte en los que es complicado mantener la distancia mínima recomendada de un metro para prevenir el contagio.
Tras la reunión del Comité Técnico del Coronavirus, la jefa de área del Centro de Coordinación de Emergencias y Alertas Sanitarias, María José Sierra, precisó que, aunque «no hay estudios firmes con una evidencia clara» de la utilidad de estas protecciones «en la prevención de la transmisión», parece que sí pueden tenerla «para reducir la propagación de la infección».
En todo caso, el pasado 25 de marzo, Sanidad se remitía estrictamente a las recomendaciones de la OMS y aconsejaba su uso a los contagiados, a quienes notaran síntomas como «tos, fiebre o falta de aire» y a quienes cuidaran de «una persona con infección o sospecha de contagio por coronavirus». En efecto, este organismo mantiene restringida su recomendación del uso de mascarillas, en el caso de las personas sanas, a quienes tengan «tos o estornudos» o bien atiendan a alguien del que se intuya la infección por el Covid-19.
La OMS también recuerda que el patógeno no se transmite por el aire, sino por estar en contacto a menos de un metro de alguien infectado o por tocar una superficie contaminada y llevarse luego las manos a la cara. Por ello, centra sus medidas de protección y prevención al lavado frecuente de manos y a no tocarse la cara.
Además, su director general, Tedros Adhanom, alerta del peligro que supone el uso masivo de mascarillas, ya que puede llevar al desabastecimiento para quienes más las necesiten, como personal sanitario y enfermos.
No obstante, pese a no recomendarlas a la población sana sin contacto con enfermos, la OMS tampoco critica a los países que han promovido un uso general. Sí recuerda que puede dar una falsa sensación de seguridad y, para que sea eficaz, debe combinarse con gestos como el lavado frecuente de manos, además de colocarse, usarse y retirarse de modo adecuado.


Pioneros en Europa

República Checa y Eslovaquia fueron los dos primeros países europeos en imponer el uso obligatorio por la calle de mascarillas u otros elementos que cubran nariz y boca. Desde el pasado 1 de abril se sumaron Austria, que obliga a llevarlas en los supermercados, y Eslovenia, que las exige en cualquier espacio público cerrado.
El ministro checo de Sanidad, Adam Vojtech, destacó esta medida como el factor diferencial que había permitido a su país ser una de las pocas naciones europeas que ha frenado significativamente la propagación del virus, e instó al resto de la UE a sumarse a la iniciativa. Este político se pronuncia así en un vídeo en inglés producido por un grupo de artistas de su país titulado Cómo frenar de forma notable el coronavirus, que se ha hecho viral en redes sociales y en el que se defiende el uso de mascarillas para no contagiar a otras personas bajo el lema: Yo te protejo a ti y tú me proteges a mí. «De acuerdo con nuestra experiencia profesional, una simple máscara casera puede prevenir hasta en un 95-100 por ciento la difusión de microgotas que pueden estar infectadas», explica en esa grabación Vladimir Zdimal, jefe de Departamento de Química y Física de Aerosoles de la Academia de Ciencias de la nación centroeuropea.
Lo cierto es que el pasado 8 de abril, el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) publicó un informe en el que modificaba su posición anterior en este punto y reconocía que las mascarillas pueden ser útiles para toda la población, especialmente cuando se frecuentan espacios públicos cerrados tales como supermercados o transporte público.
Los últimos en variar su criterio son los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EEUU, que el día 3 aconsejaron «el uso de revestimientos faciales de tela en lugares públicos, especialmente en áreas de transmisión comunitaria significativa».
En China, en cambio, nunca lo dudaron. Así, el director general del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), George Gao, señala como principal error en la lucha contra la pandemia que Washington y Bruselas no estaban obligando a sus habitantes a utilizar mascarillas, como sí se hacía en el país asiático: «Muchas personas tienen infecciones asintomáticas o presintomáticas. Si usan máscaras faciales, pueden evitar que las gotas que transportan el virus escapen e infecten a otros». Los propios CDC estadounidenses admiten que su cambio de estrategia se debe a que recientes estudios demuestran la afirmación de Gao.
También el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades, último organismo internacional en sumarse a la recomendación del uso de mascarillas en espacios públicos, explica que puede servir como un medio de control de la fuente de contagio al minimizar la excreción de gotitas respiratorios de infectados que desconocen que lo son.
No obstante, el ECDC puntualiza: «No se sabe cuánto puede contribuir a una disminución en la transmisión».