TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Ajax

Trataré de explicarles, aunque realmente no haga mucha falta pues el fútbol es lo que vive cada aficionado en cada momento y no lo que diga o escriba un tercero, por qué tienen esa sensación tan reconfortante cuando ven jugar (y ganar) al Ajax: porque es la confirmación de que no está todo escrito, de que incluso en el más alto de los escaparates del fútbol de clubes, la Liga de Campeones, hay hueco para la sorpresa; de que el juego puede estar por encima del dinero a pesar de que los propios organizadores de la competición, en connivencia con los grandes, la hayan diseñado para que siempre sea uno de ellos quien termine levantando la copa; de que el fútbol sigue siendo un juego de niños y nadie disfruta tanto como ellos con una pelota, o de que

apostar por la cantera es una salida más que digna, incluso exitosa, en cuanto hay un entrenador dispuesto a dar oportunidades a los jóvenes talentos de la casa; de que dominar la pelota, para los descreídos del tiqui-taca, no es necesariamente sobarla hasta la extenuación, sino darle tres, cuatro o cinco toques exquisitos -y ahí el Ajax tiene a niños con magia en los pies- en los lugares decisivos del campo y de que aquellas ideas alocadas de tipos como Cruyff después y Michels primero, las que corrían peligro en estos tiempos de cholismo, mourinhismo y demás sistemas de cerrazón y contragolpe, siguen vivas y coleando; de que la ilusión sigue contando, de que las piernas y el corazón son uno, de que no has tenido que costar 50, 80 o 100 (algunos lo costarán este mismo verano, De Jong por ejemplo ya confirmado) para ser una estrella, de que el talento en bruto puede domarse, de que la modestia es un arma, de que no hay que acobardarse (Madrid, Turín, Londres: templos modernos) en casa del gigante y, es más, conviene ser arrogante y divertirse aún más… Y así un sinfín de motivos que han convertido al Ajax en el nuevo favorito de todos.