CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Palabras mayores

Se les acusa de rebelión, terrorismo y tenencia de explosivos. Palabras mayores. Ya no se trata de niñatos que juegan al independentismo, como pretenden hacer algunos defensores de los CDR, los Comités de Defensa de la República a los que pertenecen, por cierto, la mujer y los hijos de Quim Torra, nada menos que el presidente de la Generalitat.

Terrorismo. Tenencia de productos –entre ellos ácido sulfúrico- con los que crear explosivos. Se preparaban para actuar el próximo 1 de octubre, y los días previos a la sentencia de los dirigentes independentistas acusados de rebelión. La Guardia Civil ha detenido a nueve miembros de los CDR y continúa una operación en la que las fuerzas de seguridad estaban empeñadas hacía tiempo porque saben mejor que nadie que no son jóvenes excesivamente ideologizados que copian metodología terrorista y seudomilitar casi como divertimento aprendiendo, a veces a través de internet, métodos muy primarios para hacerse con material con el que fabricar artefactos. Personas que han traspasado hace tiempo la barrera de la delincuencia aunque hasta el momento ninguno de los detenidos contaban con antecedentes penales. No contaban, pero contarán a partir de ahora porque la tenencia de explosivos cambia la situación.

No se sabe qué más necesitan los simpatizantes de los independentistas para comprender, de una vez por todas, que no se trata de un problema entre constitucionalistas y no constitucionalistas, sino que un sector importante del independentismo ha cruzado las líneas que ninguna persona bien intencionada puede cruzar.

Hacía tiempo que las fuerzas de seguridad del Estado –que incluyen a los mossos, por cierto, que están haciendo una buena labor en asuntos tan serios como la lucha contra el terrorismo- alertaban sobre las actividades de los CDR. Era difícil que esas alertas encontraran eco cuando son tantos los jóvenes que entran en esos grupos callejeros violentos directamente desde colegios y universidades, donde se les induce a luchar contra lo español, contra los “invasores”. Además, tenían también simpatizantes en la propia Generalitat.

A ver quién es capaz ahora de seguir defendiendo el espíritu idealista y pacífico de esos energúmenos… Porque son energúmenos, las ideas políticas no se defienden a golpes y mucho menos con artefactos explosivos. Bastante ha sufrido España las consecuencias del terrorismo –incluida Cataluña, que ha aportado un buen número de víctimas- como para mirar hacia otro lado cuando alevines de terroristas intentan hacerse con la calle e imponer su ley de la jungla en la que todo vale.

La operación contra los CDR es todo un aviso a quienes no daban importancia a ese movimiento de jóvenes y mayores y los consideraban grupos que solo querían desfogar en la calle sus ansias de independencia para Cataluña. Hay maneras para el desfogue dentro de la ley. Pero nunca estará dentro de la ley quien utiliza productos químicos para fabricar explosivos y los prueba en una cantera abandonada para probar su eficacia.