COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Errejón, a la carrera

Un fin de semana le ha bastado a Íñigo Errejón, para dar el paso que tenía decidido de antemano. Con una asamblea extraordinaria de los miembros de Más Madrid con el resultado final prefijado, quien fuera cofundador de Podemos vuelve a la política nacional con la organización que lideraba Manuela Carmena y a la que se sumó para competir por la presidencia autonómica de Madrid. Su decisión ha sumado las críticas de la oposición parlamentaria de Madrid mientras que los dos partidos de izquierdas, PSOE y Unidas Podemos, han tratado de hace como si nada pasase, como si la candidatura de Errejón, -que tendrá que nombrar su nuevo partido o encontrar uno para las coaliciones que pretende formar-, no fuera con ellos o se tratara de un bache en el camino que pueden sortear sin dificultades.

Las críticas recibidas por la iniciativa de Errejón desde distintos ámbitos tienen su punto de justificación. En los cuarteles generales de los partidos de la derecha su decisión le ha hecho las delicias, porque han conocido bien, en las elecciones del 28-A, las consecuencias de partir el voto por tres. Algo que ya sabía la izquierda, en la etapa del bipartidismo, con el reparto de votos entre socialistas y poscomunistas que perjudicaba sus expectativas. Los votos que hace media docena de años se repartían entre tres partidos nacionales ahora se dividen entre seis. Errejón salió perdedor del congreso Vistalegre II, coreó las consignas de unidad que pedían los asistentes a esa asamblea y a la menor oportunidad protagonizó un cisma en Podemos, poniendo de relieve su carácter pragmático y dado al pacto con los socialistas con menos exigencias que las de Pablo Iglesias.

Otra parte de las recriminaciones a la iniciativa de Errejón procede de las formaciones madrileñas con las que compitió que han criticado su abandono de la política autonómica para dar el salto al Congreso  y que consideran un fraude a sus votantes, que le han visto pasar por la Asamblea de Madrid como el rayo que atraviesa un cristal sin romperlo ni mancharlo. Se postuló con el viento de cola de la exalcaldesa Manuela Carmena, pero su decisión ni sirvió para que la izquierda mantuviera el ayuntamiento de la capital, ni lograse arrebatar la Comunidad de Madrid al PP.  

Íñigo Errejón y sus apoyos madrileños han cogido su oportunidad al vuelo. Quizá le haya llegado un poco pronto debido a la convocatoria de nuevas elecciones que le han impedido trenzar alianzas que ahora tiene que hacer deprisa y corriendo con algunas confluencias y llevando a su lado a todos los agraviados y desconcertados por el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, que son legión.  

El argumento de autoridad que inspira a los partidarios de Errejón es que existe un espacio intermedio entre el PSOE y Podemos que puede ocupar su coalición y que lejos de provocar desánimo entre los votantes de izquierda pude animar a su participación. La única prueba electoral que se ha realizado sobre sus expectativas puede darles la razón. En una circunscripción única en las generales y en una comunidad autónoma uniprovincial como Madrid, PSOE y Unidas Podemos obtuvieron en las primeras el 43,5 por ciento de los votos y 1,63 millones de votos con una participación del 80 por ciento, mientras que en las segundas el porcentaje de las tres izquierdas fue del 47,5, cuatro puntos más, y solo cien mil votos menos con 12 puntos menos de participación.