África, freno de la Covid-19

Antonio Villalonga
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La pirámide poblacional, el clima, la genética o ciertos factores sociales podrían ser una 'barrera natural' contra la pandemia

África, freno de la Covid-19

Soy un médico anestesiólogo español, recientemente jubilado, que desde junio pasado vivo en Kinshasa (RD Congo) y coopero con el hospital Monkole. Varios amigos me han preguntado por qué en África hay muchos menos casos de enfermos y muertos por coronavirus. La respuesta a esta cuestión no se conoce con evidencia científica, pero hay diversos factores implicados.
El diferente comportamiento de la epidemia de la COVID-19 en Europa frente a África es claro y llamativo. Las muertes en Italia, Francia y España pasan de las 24.000 en cada uno de estos países, mientras que en los estados africanos, como Congo, solo llegan a 32 casos y en la mayoría de los otros estados los datos tienen valores similares. En mi opinión, hay cuatro factores que podrían explicar las diferencias:
Un factor que juega un papel fundamental son las diferencias notables en las pirámides de edad de las poblaciones europeas y africanas. Sirvan de ejemplo de ambos continentes España y la R.D. del Congo. La mortalidad del virus en España en los menores de 50 años es solo del 1,6 por ciento, es decir el virus afecta poco a la población joven, precisamente en este rango de edades está más del 90 por ciento de la población congoleña, por el contrario la mortalidad es del 87 por ciento en los españoles mayores de 70 años, que son el 14,5 por ciento, pero solo son un 1,8 por ciento de los congoleños. Efectivamente, la edad mediana de la población es un factor muy importante en el comportamiento de la epidemia, pero no se conoce por qué el virus afecta poco a los niños y jóvenes y mucho a los ancianos. 
Otro punto que está cobrando cada vez más importancia es el de la temperatura ambiental. En Europa las temperaturas en los meses de febrero a abril son frías, en Madrid han oscilado de 19- 3°C de mínimas, mientras que en Kinshasa van de 34° a 23°C. Está por demostrar, pero podría ser que el virus no se contagie ni expande tanto en climas cálidos.
Intuyo que debe haber otro factor en los habitantes de África que los hace menos vulnerables al virus que los europeos o americanos del norte. En contraste, la población afroamericana de los EEUU está siendo especialmente afectada por la COVID-19, es decir el factor no sería genético sino relacionado con el ambiente. Ese factor debe estar ligado al sistema inmunitario y podría estar relacionado con la malaria, que prácticamente afecta a casi todos los países y ciudadanos del África tropical.
La malaria, y quizá su tratamiento, podrían modular el sistema inmunitario de forma que en caso de infección por COVID-19, en la fase inflamatoria de la enfermedad no habría la respuesta inmunitaria tormentosa que es la principal causante de la muerte. Esto no deja de ser una hipótesis.


El foco, en la capital.

El factor social y político también es importantísimo, pero su peso aquí en África, sospecho que debe ser menor que en Europa. La mayoría de casos y muertes en Congo se concentran en los barrios ricos de Kinshasa, principalmente en congoleños que volvían de Europa. Al cerrar las fronteras y la capital del resto del país y confinar la Gombe, el barrio más afectado de Kinshasa, del resto de la ciudad, se ha ralentizado la epidemia. Por otra parte, hubo una orden de confinación de la población de la capital, pero se tuvo que revocar al día siguiente dada la imposibilidad de hacerla efectiva. 
El cumplimiento de las medidas básicas de prevención deja mucho que desear. Estas condiciones locales favorecerían la expansión de la epidemia, hecho que no ocurre, por lo que los tres primeros factores descritos tienen un peso compensatorio considerable.
Confiemos que la epidemia en África siga así, limitada a pocos casos y muertes. Un escenario como el que se ha dado en Europa, aquí sería dantesco. En Europa los sistemas sanitarios han respondido a los grandes requerimientos que ha provocado la epidemia. Así, a los recursos iniciales generalmente adecuados, se han añadido extraordinarios. La gran mayoría de países africanos tienen sistemas sanitarios muy deficientes que no cubren las necesidades sanitarias básicas. Por lo general, se puede decir que sin dinero no hay medicina y la norma es la pobreza.
En la RD Congo se calcula que hay menos de 100 respiradores, casi todos en la capital, está claro que se necesitan muchísimos más, pero también personal especializado, médicos y enfermeras que sepan utilizarlos correctamente. En definitiva, habría que desplegar una gran colaboración internacional para mínimamente poderse enfrentar a una epidemia de la magnitud del coronavirus en Europa y Estados Unidos.