"En ningún momento dudamos en aislarnos"

EFE
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Elisa y Natalia son trabajadoras de la residencia Fernando Arce de Torrelavega, que cuenta con 40 personas con discapacidad

"En ningún momento dudamos en aislarnos" - Foto: Pedro Puente Hoyos

Los 18 trabajadores cántabros que han permanecido mes y medio aislados con 40 personas con discapacidad, en algunos casos severa, no dudaron «ni un instante» en confinarse voluntariamente con ellas. Empleados de la residencia Fernando Arce de Torrelavega, en su mayoría mujeres, decidieron tras declararse el estado de alarma aislarse con los internos para conseguir que ninguno se contagiara de coronavirus.
La plantilla comenzó ayer el desconfinamiento paulatino, con la salida de las primeras siete trabajadoras, que serán sustituidas por otros voluntarios para encerrarse con los residentes tras superar los oportunos test, relevo que continuará en los próximos días.
La residencia pertenece a la Fundación Asilo San José, y hasta el inicio de la cuarentena en ella vivían permanentemente 56 personas con distintos grados de discapacidades psíquicas, físicas e intelectuales, acompañadas en muchos casos de otras patologías asociadas.
Con la declaración del estado de alarma, 17 familias de residentes decidieron trasladarles a sus domicilios, quedando al cuidado de la institución 40 personas con discapacidad, de entre 18 y 70 años, con un sistema de vida y unas necesidades de cuidados muy precisos.
En aras de proteger a estos enfermos, se solicitó voluntarios entre la plantilla para un confinamiento sin fecha de salida con los acogidos para liberarles de todo contacto con el exterior, aislamiento que comenzó el pasado 1 de abril y que, según relatan las cuidadoras, no dudaron «ni un solo instante» en hacerlo.
A este llamamiento respondió un grupo de 18 trabajadores (dos educadoras, 10 cuidadoras, una gobernanta, dos ayudantes de limpieza y tres personas de mantenimiento), que se han entregado con generosidad al cuidado de los residentes, hasta tal punto de que la dirección ha tenido que forzar la salida de siete de ellos, a pesar de que pedían seguir cuidando de estos internos hasta el final.
La institución reconoció el valor personal y humano de estas empleadas con la presencia de directivos de la Fundación y del centro, así como de algunas decenas de personas, que las arroparon a su salida con un aplauso, tanto a las que se marchaban como a quienes les sustituyen para otra cuarentena.
Elisa, auxiliar de enfermería, resume que durante este largo confinamiento los cuidadores han continuado trabajando con los residentes para lograr que, pese a la delicada situación, no sufriesen retrocesos, trabajando «con los miedos pertinentes» pero «haciendo que estuvieran los más alegres y ocupados posible».
Natalia, cuidadora, explica que tomar la decisión de encerrarse con las personas discapacitadas «no fue para nada difícil» y «en ningún momento» dudaron aislarse, al considerar que estaban haciendo lo mejor «para los chicos, sus familiares y para ellas mismas», ya que así evitaban posibles contagios.
Reconoce que «ha habido momentos duros durante el encierro porque la convivencia es difícil», aunque se ha logrado crear «una pequeña familia» con los residentes -a los que llama nuestros chicos-, «que han sido unos campeones en todo instante», a pesar de que muchos de ellos no eran conscientes de la situación.
Esta cuidadora es firme al asegurar que, a nivel personal, esta experiencia servirá al grupo para «tener mucha más empatía» con las personas a las que atienden, porque se han logrado «poner en el lugar del discapacitado» y ahora comprenden mejor sus necesidades o sus limitaciones.
Por ello, destaca que, además de los cuidados básicos, durante este tiempo se ha seguido participando en talleres y actividades físicas, aprovechando que el edificio cuenta con 1.000 metros cuadrados de superficie exterior.
La Residencia de Atención Básica Fernando Arce 2, que abrió sus puertas en 2016, cuenta con 90 apartamentos tutelados, un centro de día y talleres ocupacionales.