TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Un ritmo distinto

En lo que terminaba un trabado Atlético-Espanyol (3-1) y arrancaba un aún-más-trabado Getafe-Osasuna (0-0, con la incomprensible rajada de Bordalás al final del choque), la Premier League ofrecía al planeta el tal vez mejor partido que se puede ver hoy por hoy: el Liverpool-Manchester City. 
Sin entrar (de momento) en detalles concretos, pasar del Wanda a Anfield y luego al Coliseum era como poner una película, acelerarla a lo bestia y luego recuperar su ritmo normal. O mejor dicho, era poner una película ralentizada, encontrar el ritmo que mola en Inglaterra y volver al tempo cansino en que la cinta casi no tiene emoción. No quiero decir que sea mejor, pero sin duda es más atractivo, más ágil, se juegan más minutos, hay menos interrupciones, el ritmo es endiablado, el físico superior, la intensidad desbordante... Bueno, tal vez sí quiero decirlo: es mejor. Bastante mejor que cualquier cosa que podamos presentar al mundo, si es que algún día podemos presentarles un Barça-Madrid, a ver si llega a esa electricidad y magnetismo que desprenden hoy muchos partidos de Premier, Bundesliga...
Hace una década, nosotros teníamos el fútbol y ellos el músculo. Nuestros balones se movían a una velocidad indetectable para aquellos perros de presa capaces de descoser la pelota de un puntapié... si es que se la dejábamos tocar. Pero hoy nuestros genios han cumplido años, han emigrado o se han retirado, y la Premier ha importado el toque y lo ha sabido combinar con ese ritmo infernal en el que incluso los equipos que van ganando corren a sacar de banda. Cuidar el producto para hacerlo atractivo: en Inglaterra llevan años haciéndolo. Aquí nos hemos pensado que el fútbol iba a sobrevivir para siempre al maltrato.