La muerte de José Luis Cuerda deja huérfano al cine español

V.M.
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Uno de los directores de referencia de la cinematografía nacional y el más grande que dio Albacete, con títulos de culto como 'El bosque animado' o 'Amanece que no es poco', moría ayer a los 72 años

José Luis Cuerda (en la imagen durante un rueda de prensa ofrecida en Albacete en enero de 2014), conjugó su pasión por el cine con la viticultura. - Foto: Rubén Serrallé

Una de las figuras claves del cine español de las últimas cuatro décadas y el director más importante que ha dado Albacete, José Luis Cuerda, moría ayer a los 72 años en el Hospital de la Princesa de Madrid debido a una embolia, según comunicaron fuentes de la familia.
«Se nos ha ido uno de los grandes», era el comentario más repetido entre todos los profesionales y críticos del séptimo arte que desde que se conoció la noticia no cesaron de valorar la obra del creador  del surruralismo, como él mismo gustaba de calificar a la trilogía compuesta por Total (1983), Amanece que no es poco (1989) y Así en el cielo como en la tierra (1995) y donde también podría incluirse la última película que rodara, Tiempo después (2018), a cuya presentación  en el Festival Internacional de Cine de Albacete (Abycine) asistió con buena parte del elenco de la cinta, en lo que fue el último acto público del cineasta en su ciudad natal.
Sus primeros trabajos se remontan a los 70 y principios de los 80:  El túnel y Mala racha (para TVE) y la comedia Pares y nones (1982), aunque es,  sin duda, Amanece, que no es poco (1989), rodada en varios municipios de la serranía albacetense (Liétor, Molinicos y  Ayna),  una de las cintas de culto del reciente cine español y, como aseguraba su protagonista,  el popular Antonio Resines,  tras conocer la noticia, «si en su momento aquel trabajo tuvo algún detractor, hoy ya no queda ninguno, porque Cuerda era un cineasta de Champion League».  Y es que como se decía en uno de los diálogos de esa inclasificable cinta «todos somos contingentes, pero tú eres necesario», frase que cobraba ayer especial significado.
Esa mirada que le conectaba con el surrealismo, pero también con la tradición genuinamente española de deformar o caricaturizar la realidad, pero sin dejar de tenerla presente, muy en la línea de Ramón María del Valle-Inclán o del mismísimo Luis García Berlanga, hacía que su cine fuera una rara avis dentro de la cinematografía española.
Director, productor, guionista, escritor, amante del vino (con una bodega a la que dedicó sus últimos años), repasaba géneros con maestría y después de una comedia ácida era capaz de mostrar una exquisita sensibilidad, con el drama de la Guerra Civil o la postguerra de fondo, en La lengua de las mariposas (1999), por la que volvió a estar nominado a los Goya como director,  y Los girasoles ciegos (2008).
Previamente la  Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España le había concedió el Goya a su película El bosque animado, protagonizada por Alfredo Landa, uno de sus actores preferidos, aunque no logró la estatuilla al mejor director.
Además de su bulliciosa mente a la hora de escribir y de su original mirada detrás de la cámara, tuvo también el buen ojo de fijarse en uno de los mejores directores españoles actuales, Alejandro Amenábar al que produjo sus tres primeras películas: Tesis (1996), Abre los ojos (1997) y Los otros (2001). Precisamente el realizador chileno-español decía de él que «fue mi padre en el cine y mi segundo padre en la vida».
Creador incansable, hace año y medio estrenaba Tiempo después, la que llegó a calificarse por la crítica como «secuela espiritual» de Amanece que no es poco, en la que se puso al frente de un amplísimo elenco de más de 40 actores.
Pocas veces existe la total unanimidad a la hora de valorar una cinematografía, pero en el caso de José Luis Cuerda sí se da, tal y como asegura el crítico y colaborador de La Tribuna de Albacete, Juan Ramón López, que coincidió con él varias veces en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, «hoy estamos de luto por uno de los más grandes directores, productores y guionistas de nuestro cine. Capaz de plasmar con su cámara todo el humor rural, tantas veces analizado por otros realizadores en forma de realismo trágico, para darle la vuelta con tu surrealismo irrepetible y crear una comedia absurda con la que hacernos reír, y reírte de tu sombra».
«Gracias por regalarnos un legado cinematográfico tan maravilloso, divertido y emocionante. Con un nudo en la garganta escribo estas líneas, con la certeza que mañana estarás Así en el cielo como en la tierra, al lado de los más grandes como Buñuel y Berlanga. ¡Adiós amanecista!  Descansa en paz», añade López, que llevaba un tiempo intentando convencerte que regresara a Albacete para recoger un merecido Premio Cinemasmusic, en la segunda edición de esos galardones que se celebrará el 10 de marzo.
Por su parte, el también crítico y escritor madrileño calificó al director como «un creador de los que solamente se dan una vez en la vida. Desde la sobriedad de su estilo y el cuidado de sus diálogos, José Luis Cuerda nos deja sin sol al que seguir, pero con un legado incalculable de amor por el cine, de pasión por nuestro indomable carácter y de humor absurdo que siempre tendrá el sindiós de un campo abonado de hombres más valiosos de lo que creemos».
La capilla ardiente del cineasta se instalará este miércoles en el Tanatorio La Paz, en la localidad madrileña de Tres Cantos, según comunicó a última hora de la tarde de ayer un portavoz de la familia.