Vidal Maté

Periodista especializado en información agraria


El laboreo de la tierra pide un cambio

Los sistemas de laboreo en la actividad agrícola y muy especialmente en las superficies dedicadas a las producciones de herbáceos constituyen uno de los debates más importantes que se desarrollan en el sector agrario al hilo de las exigencias sobre prácticas medioambientales, la mayor erosión provocada por las lluvias torrenciales o el agotamiento de las tierras de labor a las que se exige producir al máximo en base a elevadas dosis de fertilizantes que acaban mineralizando la superficie. En estas circunstancias, en plena campaña de sementera, modificar la gestión actual de los suelos para que los mismos mantengan su capacidad productiva en el futuro y que no se conviertan en superficies muertas, es hoy uno de los objetivos en los que trabaja la Administración junto con organizaciones del sector.
En este contexto se enmarca el denominado proyecto Mosoex, o Aumento de materia orgánica con una gestión sostenibles de sistemas extensivos. Las conclusiones o recomendaciones que se obtengan de este trabajo de campo serían las líneas básicas para la gestión futura del laboreo en la actividad agraria. El proyecto parte de un análisis sobre la actual situación de los suelos, las amenazas que existen sobre los mismos y las posibles soluciones.
Los suelos españoles ofrecen una gran diversidad e importancia como reserva de carbono para mantener su fertilidad en base a organismos vivos que aseguren el nitrógeno que necesita de la materia orgánica para sustentarse. El fuerte volteo de la tierra en profundidad es una técnica y un sistema de laboreo que, según los expertos que trabajan en este estudio, se ha demostrado que no es la adecuada en cuanto, inicialmente supone airear la tierra y provoca un aumento de la actividad biológica de una serie de microorganismos, pero, a la vez destruye otros vivos que requieren una importante aportación de nitrógeno, algo que tradicionalmente ha estado ligado a las plantas leguminosas. 
Basándose en la idea de la defensa de los suelos vivos, en los últimos tiempos se ha comenzado a hablar de fatiga de suelos por la presión a la que se están sometiendo los mismos con una disminución de la biomasa en la superficie, algo que históricamente se trataba de solventar dando a la tierra un año de descanso con el barbecho o aplicando rotaciones de cultivos. La falta de los suelos vivos se asocia con el monocultivo.
La necesidad de ir a un nuevo modelo de gestión de los suelos en España viene determinada por cuatro factores: las bajas precipitaciones, además con una irregular distribución a lo largo del año; el grave riesgo de desertización; las elevadas pérdidas anuales por erosión y la existencia en las superficies de un contenido en materia orgánica por debajo del 2%. 
En España, la media anual de lluvia es de 650mm año, pero aproximadamente en un 32% del territorio solo se reciben entre 300 y 500mm y en el sureste esa cifra no llega a los 300mm. Una gran parte de España ya se halla ubicada en zona árida o subzona seca, situación que bien avanzando en las últimas décadas desde el sur. 
Otro aspecto importante es el proceso de erosión de los suelos y pérdida de masa. En las superficies dedicadas a los herbáceos, en secano 14,8 millones de hectáreas, cada año se pierden 30,5 toneladas de tierra, cifra que se eleva a 78,9 toneladas en las superficies de viñedo y otros cultivos arbóreos como olivar. 
Frente a este panorama, el objetivo de la iniciativa es lograr que los agricultores utilicen las mejores prácticas para aumentar la fertilidad de los suelos, su capacidad para almacenar el contenido de carbono en los mismos, la reducción de los gases efecto invernadero limitando la erosión y, a la postre, mejorando la estructura productiva. Esas metas se reducen a una serie de actuaciones concretas como la conservación y el incremento de la materia orgánica con actuaciones como la realización de una agricultura ecológica y de conservación, una mejor gestión de los restos de las cosechas en los rastrojos y, además, la incorporación de materia orgánica en lugar de abusar de la mineralización de las tierras. 
Otro de los propósitos importantes que se persiguen con un cambio en los sistemas de laboreo es lograr una reducción de los gases efecto invernadero cuya emisión se halla ligada fundamentalmente a la producción de los cultivos extensivos de secano. En ese contexto, las líneas de trabajo se orientan por la necesidad de ir a una mayor rotación de los cultivos, aumentar la utilización de cultivos fijadores de nitrógeno y, en conjunto, una reducción de la intensidad de los trabajos de laboreo. 
Perder masa de tierra provocada por la erosión puede llevar a  anegar los ríos y a reducir las posibilidades de almacenamiento de los pantanos. En esa línea se destaca la importancia de avanzar en los sistemas de laboreo mínimo, de no laboreo, de perfeccionar la siembra directa, dejar los restos de cultivo lo que favorecerá evitar la erosión, mantener más agua en la superficie y aumentar la materia orgánica.