COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


No nos podemos ni ver

Hay análisis políticos de una sencillez y una claridad que dan validez a aquello de las soluciones simples para problemas complejos y que si proceden de alguien que conoce bien de lo que habla se pueden elevar a categoría. Cierto que el proceso de disgregación que sufre la izquierda española a la izquierda del PSOE obedece a razones distintas y profundas tanto a nivel nacional como autonómico y municipal. Pero por encima de todas ellas hay una razón muy sencilla que alguien tenía que decir y ha sido Gaspar Llamazares, excoordinador general de IU y animador de una nueva formación Actúa, que se presentará a las elecciones generales, quien lo ha dicho en una entrevista publicada en el diario El Mundo: “No nos podemos ni ver”.

El análisis es demoledor y muy cercano a la realidad porque entre los partidos de izquierda y los que surgieron a raíz del 15-M, que organizaron indignados y que dio alas tanto a Podemos como a las confluencias que aunaron a nuevos comprometidos con formaciones más tradicionales, resulta difícil encontrar diferencias programáticas, o que sean tan relevantes como para poner en riesgo el poder que consiguieron en las elecciones municipales de hace cuatro años. Y en muchos lugares van a lograr perderlo por acumulación de partidos.  

El fraccionalismo que ha afectado de forma tradicional a la izquierda llega en el peor momento y no les va a permitir aprovechar una situación inédita en la derecha afectada por una partición en tres que les pasará factura en el reparto de diputados, parlamentarios autonómicos y concejales.

Los errores estratégicos, personales y políticos cometidos por algunos de los dirigentes más cualificados de Podemos, como Pablo Iglesias, están en el fondo de las divergencias traducidas luego en discrepancias personales que impiden cualquier acercamiento. Un distanciamiento que ha dado lugar a traiciones, como es el caso de Íñigo Errejón y los suyos, que han buscado cobijo a la sombra de la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, provocadas por quien no aceptó los resultados del segundo congreso de Podemos y fueron relegados de sus funciones, y que abrió la espita para posteriores deserciones y ruptura de coaliciones.  También Llamazares ha roto con el partido del que fue su principal dirigente por discrepancias con la actual dirección de IU y su subordinación a Podemos.  

Otro análisis certero de Gaspar Llamazares, coincidente con el que en su día realizó otro dirigente procedente del PCE y que como tantos otros acabó en los aledaños del PSOE, Nicolás Sartorius, el error de Podemos, en el que insiste Pablo Iglesias, es creer que la izquierda tenía que “alinearse con el independentismo frente al rebufo españolista. Se ha equivocado al defender el derecho de autodeterminación, que no existe”. Podemos paga esa ambigüedad que le vale en algunos lugares pero no en todos y que resta fortaleza al “constitucionalismo de izquierdas” que preconiza el fundador de Actúa.  

Las consecuencias de la división de la izquierda pueden ser gravísimas para sus pretensiones, porque la única forma de llegar al Gobierno de la nación, lo que ocurriría por primera vez, es revertir el batacazo que prevén las encuestas y ayudar al PSOE para aproximarse juntos a la mayoría absoluta, animando a la participación y no disuadiendo a sus votantes con sus luchas internas.