COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Coordinación, contundencia y transparencia

Los criterios que utilizan las autoridades sanitarias y políticas españolas para afrontar la crisis del coronavirus son las mismas que deben aplicarse desde la Unión Europea. Tras el papel que tuvieron el Consejo y la Comisión Europea desde 2008 para atajar la Gran Recesión con sus disposiciones austericidas, que crearon una corriente de euroescepticismo  en todos aquellos países que se vieron afectados por unas decisiones que incidieron en la vida de los ciudadanos, en esta ocasión tienen la oportunidad de demostrar que las instituciones europeas no están solo para atar en corto el déficit de los países, sino para proponer soluciones eficaces cuando existe un problema global. Una crisis, además, que afecta a las cuatro principales economías de los 27: Alemania, Francia, Italia y España.

Cierto que el país trasalpino y España son los que se encuentran en peores condiciones económicas sin que hayan podido recuperarse de la década perdida, pero tampoco las dos locomotoras europeas, Alemania y Francia, atraviesan una situación boyante por lo que en esta ocasión no se trata de que los países del sur hayan despilfarrado o se hayan pagado la fiesta con el dinero europeo. Pero lo que las autoridades europeas deben de tener en cuenta es la decisión manifestada por el ministro de Sanidad, Salvador Illa, de que se gastará todo los necesario para hacer frente a la crisis.

La reunión de los presidentes en el Consejo Europeo de ayer es una muestra de la importancia de la respuesta europea a la crisis, y de que en este caso se han de flexibilizar criterios de déficit y poner a disposición de los Estados las ayudas que requieran para que sus sistemas productivos y laborales no vuelvan a sufrir una nueva crisis que los devuelvan a los peores momentos de la década pasada.  La Unión Europea está obligada a admitir que la crisis del coronavirus va a tener un impacto económico formidable y que en este caso sí que es imprescindible mutualizar el coste de la lucha contra el contagio y establecer unas reglas económicas solidarias, porque hay casos en los que los sistemas sanitarios, como en el caso español, están en unos niveles que podrían ser mejores si no hubiera sido por los recortes que vinieron impuestos por la UE en los servicios públicos..     

La coordinación en España ente comunidades autónomas, y en la UE entre los Estados, es el elemento esencial para afrontar esta nueva situación que de una forma u otra afecta a todos los países, tanto por las dificultades fronterizas como por la disminución de la movilidad de las personas y la afectación del comercio. También la Comisión Europea está por la labor de actuar con contundencia para ir “ganando tiempo”, y que los sistemas sanitarios se encuentren preparados por si llega un repunte colectivo con casos más numerosos de contagio comunitario.  La contundencia se logra con una inyección de fondos que permitan sobrevivir a las empresas y autónomos sin que se vean afectados los ingresos de las familias.

El tercer elemento esencial en la lucha contra el coronavirus es la transparencia y evitar que se convierta en un motivo de enfrentamiento político. Ni las autoridades nacionales ni las europeas pueden minimizar la importancia de la crisis, ni dejar de dar respuestas solidarias.