TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Anestesiados

Seguro que ustedes recuerdan cuál fue la primera vez que se escandalizaron con el precio de un fichaje. Dependiendo de lo que ponga en su DNI, tal vez los 360.000 euros que el Barça pagó por Cruyff en el 73 (60 millones de pesetas), o los 7,2 millones por Maradona en el 82; quizás aquella locura de la Juventus en el 92 (20 millones por Vialli) o la del Newcastle al año siguiente (25 por Shearer); puede que los 30 del Betis por Denilson en el 98, los 45 del Inter por Vieri en el 99 o los 60 del Real Madrid por Figo en 2000... Porque supongo que a partir de la entrada en el nuevo siglo hemos perdido la capacidad de sorprendernos: 77 por Zidane, 95 por Cristiano y 105 por Bale, 90 por Higuaín, 105 por Pogba o Dembelé, 222 por Neymar, 145 por Mbappé... Son cifras que hace 20 años nos habrían sacado a la calle con pancartas: «¿Qué demonios hace el fútbol gastando esas millonadas con lo que hay en el mundo?». Nos hemos quedado sin respuesta ante el gigante, de la indignación a la resignación: «Si se paga eso, es porque lo generan, supongo».

¿Estamos ante una burbuja escandalosa -y nadie hace nada al respecto- que terminará reventando? Eso sospechaban en Alemania, donde el club más solvente (no el más rico) de Europa, el Bayern, ha aguantado durante demasiado tiempo su política de fichajes medidos (nunca más de 40 millones de gasto) por si a la UEFA o a la FIFA, ¡ja!, se les ocurría frenar este disparate en la escalada de precios. Los alemanes preparan cerca de 300 millones de euros para recuperar su sitio en Europa, y dicen que el Real Madrid más de 500 (algunos ya disparaban hasta los 800 kilos para reconstruir el equipo de arriba abajo). ¿Dónde o cómo se parará la locura? Nadie tiene una respuesta seria a eso. Pero desde luego no será porque nos echemos a la calle para protestar por tanta obscenidad, no...