Abandonados a su suerte

C.S.Rubio
-

Se llama Ana, tiene 36 años y un bebé. Desde el viernes 13 sufre síntomas leves de coronavirus. Sanidad ha tardado una semana en hacer un seguimiento de su caso. Esta es la historia de cómo muchos enfermos pasan esta crisis abandonados a su suerte

Abandonados a su suerte


Ana tiene 36 años, vive en un pequeño pueblo de Toledo con su familia. Tiene un bebe lactante de 6 meses y otro de 3 años. Prefiere no dar su nombre real por temor a represalias. Desde el viernes 13 sufre síntomas leves de coronavirus. Una semana en la que ella, como tantos  otros en su misma situación, ha conocido la sensación de estar, literalmente, abandonada a su suerte.
Es por eso que Ana se ha decidido a contar su historia a La Tribuna. La crónica de cómo nadie sabe darle una respuesta. Ni siquiera si lo que tiene es realmente coronavirus.  Y es que, según denuncia, nadie se ha acercado todavía a su casa a hacerles las pruebas. Ni a ella, ni a su familia. «Ni nos la van a hacer», asegura.
«Todo comenzó el viernes pasado», explica, «cuando empezó la fiebre». «Tras pasar 48 horas superando los 38,5 grados, el domingo 15 decidí llamar al teléfono de atención sanitaria de Castilla-La Mancha» y es entonces cuando comienza la odisea. «El  900 122 112 estaba continuamente saturado», «constantemente te repetía la frase ‘llame una hora más tarde’».
«Y así estoy, enganchada al teléfono, hasta que abren una nueva línea, el 900 232 323», relata. «Tras media hora de espera, consigo hablar con un operador que me hace un test telefónico para valorar los síntomas». Un cuestionario que dictamina que «soy positivo». «Me quedo perpleja al ver que me dan como positiva sin hacerme ninguna prueba, ni intención de hacérmela», denuncia. «Los test se reservan para los casos más graves o con patologías previas me dicen». Y eso que el domingo solo había, según la Junta, menos de 400 casos activos en Castilla-La Mancha.
«Me recomiendan aislamiento en casa y no acudir al centro de salud o al hospital salvo que presente problemas respiratorios». «Y me dicen también que puedo continuar dando leche materna a mi bebé, que el virus no se contagia a través de la leche y que si tengo nuevos síntomas vuelva a llamar», añade.
¿Y cómo controla Sanidad estos casos leves? Pues, como cuenta Ana, «el domingo me toman los datos y me aconsejan que llame al médico de cabecera para que me dé la baja». «Me aseguran que mis datos y mi caso queda registrado en el sistema».
Al día siguiente, lunes, Ana obedece y llama a su médico de cabecera. «No está, un sustituto me da la baja y me receta paracetamol. Le pido también mascarillas para dar el pecho, pero no me da ninguna».
Según pasan los días, la preocupación crece en su familia, pero es el miércoles cuando empieza realmente la pesadilla. Ana sigue con fiebre y  con todos los síntomas vinculados al coronavirus y, a la 6 de la mañana, el pequeño se despierta con tos. «Vuelvo a llamar y me aseguran que han añadido una alerta a mi pediatra, que me llamarán». «Me aconsejan ahora darle el pecho con mascarilla, pero no tengo en casa, ni las hay en la farmacia y en el centro de salud a mi marido se las vuelven a negar», denuncia.
Llega el jueves 19 y a  Ana no la llama nadie. «Llevo seis días con síntomas y nadie me ha llamado aún para hacer seguimiento de mi caso», asegura. Y, lo que más le preocupa en estos momentos, «tampoco me ha llamado ningún pediatra». La situación es ya desesperante.
A las 12 de la noche del jueves, Ana  llama de nuevo al teléfono de atención sanitaria contra el coronavirus y las alarmas vuelven a dispararse en su casa.  «Me atiende una chica que se identifica como sanitaria, me cuenta que hasta el miércoles el teléfono ha estado  gestionado por administrativos y me dice que tengo que dejar de dar el pecho al bebé y no tener contacto estrecho con él», «¡una semana después de comenzar con los síntomas!».
«Me dice también que, tras tantos días, tenemos  que ser evaluados por un especialistas el bebé y yo».  En cuanto a los datos, el jueves a las 12 de la noche, tras tres llamadas al servicio de atención, su caso y el de su hijo no estaba aún registrados en el sistema. Ana ya no da crédito a lo le está pasado.
El viernes al mediodía recibe una llamada, por fin, del Sescam. Ha comenzado su seguimiento telefónico una semana después de comenzar con los síntomas. El lunes, dicen, la volverán a llamar. A las pocas horas el pediatra también la llama y asegura que el bebe no tiene síntomas, que su caso puede ser  una infección de las vías respiratorias altas. Es decir, un resfriado.
Pero no hay, de momento, final feliz para esta historia. En esta última llamada telefónica le piden que algún familiar o amigo se pase por su centro de salud de referencia a recoger mascarillas. Obediente siempre, Ana manda a un familiar que vive en la zona -su marido está en cuarentena- a recoger el material que le han prometido, pero cuando llega no hay nada para ella. «¡Acaso me lo invento! ¿Voy a poner en riesgo la vida de un familiar para nada?». «Hay un descontrol total, esta gentuza está poniendo en riesgo nuestra vida», afirma desesperada.
«No nos hacen pruebas, ni a nosotros y ni a nuestros familiares». «¿Qué ocurre si mi marido se contagia? Y si tenemos que estar los dos en aislamiento, cómo y quién va a cuidar de nuestros hijos», concluye. «Para nosotros no hay test, pero para que Ayuso se los haga dos veces sí, y lo que no sabemos que pasa en Castilla-La Mancha»
Un testimonio similar al que se está repitiendo en muchas casas de la región estos días. «Los pacientes con síntomas leves que estamos en casa, exponiendo a nuevas familias, no tenemos ningún tipo de seguimiento, estamos a la deriva». Y Ana lo sabe bien.