TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


El cliente

Quien acuñó la frase «El cliente siempre tiene razón» solo fue cliente. Nunca estuvo al otro lado, aguantando a hijos de su madre aferrados a esa razón que los convierte en idiotas insoportables. Aplicado al fútbol, el mal cliente es un espectador aburrido asistiendo a una presunta crisis de su equipo; en ese momento, siente miedo, elige a su presa… y se pone a pitar. ¿Qué requisitos suele reunir esa presa? Es, habitualmente, un canterano. Un jugador de la casa que estuvo en las duras y disfrutó como nadie de las maduras. Que peleó el doble de lo que un recién llegado cobrando la mitad. Que da la cara cuando ocho de cada 10 se ponen de espaldas, que llora como nadie un fiasco y celebra como nadie una alegría por un motivo: siente esa camiseta, ese escudo, como el jodido cliente que ahora le pita.

Koke es el penúltimo agredido. Es evidente que no está en su mejor momento. Otros tampoco. Pero al espectador con ganas de pitar le parece mucho más sencillo emprenderla a golpes con el más débil, y considera que el canterano es la víctima ideal porque tal vez se queje menos que otros o entienda mejor los pitos. Koke (Madrid, 8 de enero de 1992) lleva en el Atlético desde los seis años y es el primer capitán desde esta temporada, así que asistir a una clamorosa división de opiniones (¡Ojo, que también sucedió con Simeone!) de la grada le tiene que invitar a una reflexión casi penosa: «¿Pero quiénes nos creemos que somos, si hace solo siete años no teníamos ni alma?». La crítica -el fútbol pobre, discordante con la categoría de una plantilla o un proyecto- es lícita mientras sea justa y proporcional. Que los clientes la tomen con los estandartes y emblemas de un club, que ante una depresión sean las primeras víctimas del graderío, es una de las penosas tradiciones de nuestro fútbol. «Luis Aragonés, Kiko, Caminero… todos fueron pitados», decía un Simeone dolido.