DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


En un pueblo de la Alcarria

Cosas de poca importancia/ parecen un libro y el cristal de una ventana/ en un pueblo de la Alcarria,/ y, sin embargo, le basta/ para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma. Ese libro bien podía ser Versos y oraciones de caminante con el que León Felipe estrenó su producción literaria. Lo escribió en un pueblo de Guadalajara, en esta tierra de España, desde una casa en la que estaba de posada y en la que tenía, prestadas, una mesa de pino y una silla de paja. Ese libro bien podía llevarnos a la Alcarria y a Almonacid de Zorita, donde el poeta estuvo de boticario unos meses de 1920. Bien podía, por la calidad de sus versos escritos desde una ventana por donde todo el ritmo de la vida pasa.
Aun siendo motivo más que suficiente, esta vez no es León Felipe el que nos lleva a Almonacid sino el Viaje a la Alcarria, algo más que un libro para Guadalajara y para la historia de la literatura. Poco importa que el viajero apenas cite este pueblo al final del último capítulo y casi de pasada: Sobre la carretera que va a Albalate, se adivina Almonacid de Zorita, el pueblo donde, hace ya más de un cuarto de siglo, estuvo de boticario el poeta León Felipe. Otros municipios en los que Cela sí que se detiene y con los que después se explaya en el libro, no han sabido aprovechar el tirón. El Nobel ya dejó escrito que quería quedarse siempre en La Alcarria y sus recuerdos, además de en el museo de Torija y en tantos otros rincones, permanecerán expuestos de forma permanente en el viejo molino de Almonacid, donde son muchas las arquitecturas notables, como amplió el autor en el Nuevo viaje a la Alcarria, publicado en 1986 tras volver a la comarca con su choferesa Oteliña.
Este espacio cultural lo han bautizado como CeLA con no poca intención, pues es un acertado acrónimo que juega con el apellido del escritor y el nombre del proyecto: Centro de encuentro Literatura y Arte. No es cuestión de descubrir lo que el visitante puede ver allí, pero se encontrará con obras de Miró, Picasso y Rafael Zabaleta. Su presencia en los Papales de Son Armadans, la revista que dirigió Cela durante 23 años, son una herramienta única para comprender mejor la actividad cultural española durante la última etapa del Franquismo. La publicación sorteó con inteligencia la censura y fue ajena a cualquier etiqueta política. Los Papeles de Son Armadans, ni silenciosos ni miedosos, luchan por la literatura y su libertad, explica el editorial del número dedicado a la doble faceta de Rafael Alberti, la de escritor y dibujante. La criatura es obra de la Fundación Charo y Camilo José Cela, la Diputación de Guadalajara y el Ayuntamiento de Almonacid. Para que conste en acta.
CeLA y la antigua botica donde trabajó León Felipe -que permanece casi en su estado original un siglo después- fueron la última parada de una interesante idea de la Diputación para contratar a nuevos embajadores de la Alcarria. Tras ganar un concurso lanzado desde el programa Mediodía COPE -la autocita es inevitable-, 30 personas procedentes desde Gerona, Tarragona, Huelva o Córdoba quedaron maravilladas, primero, y comprometidas, después, para vender las excelencias de la Alcarria allá donde vayan. En un fin de semana, los terrenos que pisa Cela en su libro son inabarcables así que tienen muchos motivos para volver. Ellos y los que quieran. Las puertas están abiertas de par en par, que el Viaje a la Alcarria es cosa de mucha importancia.