COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


El procés cansa

Las dos manifestaciones celebradas este pasado fin de semana en Cataluña, el sábado una de independentistas, y otra de constitucionalistas el domingo, han tenido un denominador común y dos diferencias sustanciales. En ambas manifestaciones se ha producido un descenso significativo de asistentes con respecto a otras convocatorias similares, mucho más frecuentes y numerosas en el caso de los ‘indepes’, acostumbrados a ocupar la calle y el resto de espacios públicos, mientras que los constitucionalistas convocados por Sociedad Civil Catalana, hacía dos años que no organizaban una manifestación masiva que ha tenido una respuesta menos amplia de la esperada.
Las diferencias son evidentes, la primera que al término de la manifestación convocada por SCC no se ha producido ningún tipo de incidente y si acudieron a la Jefatura Superior de Policía de Barcelona fue para homenajear a los agentes, pero no fueron después a la plaza de San Jaume a gritarle a Quim Torra el ¡Basta! de su lema, para volver a la recuperar la convivencia entre todos los catalanes. La segunda es que los independentistas no tuvieron ningún problema para que sus asistentes llegaran al punto de concentración, mientras que los constitucionalistas han visto como los CDR volvían a realizar acciones de ocupación de vías públicas para evitar que llegaran los autobuses y personas procedentes desde otros puntos de Cataluña a Barcelona para asistir a su manifestación.
Son dos hechos que ponen de relieve el carácter ‘democrático‘ de los independentistas, que lo mismo provocan altercados, disturbios y ataques a las fuerzas de seguridad autonómicas y nacionales  que impiden el derecho de movimiento y de manifestación a quienes constituyen la otra mitad de la Cataluña que rechaza la autodeterminación.
La diferencia de asistencia en ambas manifestaciones también habría que buscarla en un hecho sustancial: mientras los ‘indepes’ se han sentido agredidos con la sentencia que ha condenado por sedición a los líderes del procés, los constitucionalistas salieron a la calle masivamente –un millón de personas, se dijo hace dos años- cuando se sintieron amenazados realmente por la declaración unilateral de independencia, mientras que en esta ocasión se trataba de una reacción a la situación vivida en los últimos días p<ra volver a recuperar la concordia entre todos los catalanes y  para exigir la dimisión del presidente de la Generalitat, Quim Torra, y el encarcelamiento de Carles Puigdemont.  
Tanto independentistas como constitucionalistas comienzan a dar muestras de agotamiento por la persistencia del conflicto alrededor del procés, sin que se logre llevar el debate de la búsqueda de soluciones al marco político. Y aunque esa demanda procede desde ambos lados no hay visos de que se pueda llegar a ella a corto plazo. Al menos hasta que se conforme un gobierno estable tras las elecciones del 10-N, y a la espera de que los partidos catalanes puedan imponer la celebración de nuevas elecciones autonómicas que supongan el triunfo de los pragmáticos, en el caso de que ERC decida asumir ese papel de verdad, porque hasta ahora sus deseos de apaciguamiento y de abandonar la vía unilateral no han pasado de la declaración de intenciones. Los catalanes están cansados y lo han manifestado el fin de semana pasado quedándose en casa.