NOTAS AL PIE

Javier D. Bazaga


Emergencia climática

Más de la mitad de los españoles consideramos o consideran, sitúense en el grupo que quieran, que el cambio climático es una de las principales amenazas del mundo. Un 37% cree que es la primera y un 17% la segunda, según un estudio realizado por el Real Instituto Elcano. Hasta aquí bien. Pero no me malinterpreten. Esto es como lo de la ‘paz en el mundo’, a cualquiera que se le pregunte si considera el cambio climático un problema le dirá que sí, claro, por supuesto. Aunque luego se suba a su coche diésel para continuar con su rutina diaria y contaminante, que va desde la utilización de plásticos de un solo uso hasta el consumo de energías fósiles para calentar su hogar. Es verdad que no se pueden cambiar de hábitos de la noche a la mañana, o quizá sea solo un modo de justificar mi rutina diaria y contaminante.
Ahora bien, si algo están consiguiendo los jóvenes que salen los viernes a las calles de todo el mundo llamados por el ‘Friday’s for Future’, es que eso que hasta hace nada considerábamos cosa de unos pocos frikis se está dejando notar en todo el mundo. Y se hable de ello. Alguien dijo que toda causa necesita un líder, y la joven Greta Thumberg se ha convertido en la cara joven y amable, aunque cada vez menos, que abandera esa causa e incordia a los dirigentes políticos con su activismo.
Castilla-La Mancha aprobó una Declaración de Emergencia Climática con la que mostrar el compromiso del Gobierno con el medio ambiente. El consejero del ramo, José Luis Escudero, aseguró entonces que «se trata de dar respuesta urgente y eficaz a la amenaza apremiante del cambio climático», pero también afirmó que busca “responder a las exigencias de la sociedad y cumplir los acuerdos adquiridos a escala internacional”. Es verdad que hay una parte de la sociedad que está pidiendo esos cambios, como esos jóvenes los viernes. Pero hay otra parte de esa sociedad que necesita de un empujón, ya sea por medio de leyes, facilidades para el reciclaje, o restricciones al tráfico en los centros de las grandes ciudades.
Porque el medio ambiente no se cambia solo con los pequeños gestos de cada uno de nosotros, como reciclar o cambiar de coche por uno menos contaminante. También con políticas públicas que deben impulsar los gobiernos, por mucha contestación política y social que tengan. Hablamos de restricciones para los ciudadanos, pero conscientes de que esa contaminación no llega a la suela de los zapatos de las grandes industrias emisoras de gases contaminantes a la atmósfera. Aquí las sanciones pueden ser una herramienta eficaz, como lo es multar por entrar en las ciudades. Pero para eso el compromiso de las administraciones debe ser firme, porque aquel «no se pueden cambiar los hábitos de la noche a la mañana» se nos puede hacer eterno, y el planeta no tiene tanto tiempo.