TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


De Getafe

10/02/2020

Lo que está haciendo el Getafe corrobora, al mismo tiempo, una teoría y una tendencia. La teoría es que en el fútbol, como se decide en pocos goles, tener un bloque cohesionado reduce cualquier distancia con adversarios de grandes individualidades. Hay que lograr que once tipos remen en la misma dirección durante 90 minutos y en ese caso el partido ante un Barça, un Madrid, una Juventus, etcétera, tenderá al empate a cero. Aprovechar tus dos o tres opciones, que surgirán, y aliarte un poquito con la suerte, que la necesitas, es clave si además del empate quieres robarles los tres puntos o una eliminatoria. Pero lo primero, condición sine qua non, ser equipo: una teoría sencilla de entender y difícil de aplicar.

La tendencia es más complicada de digerir: el fútbol moderno se está cargando la magia del verso libre, el jugador que improvisa, en beneficio del músculo; triunfa la táctica que apenas permite libertades, el músculo por encima del talento (los tipos con arte deben pasar por el gimnasio), el juego de corte defensivo o al menos el que vive de generar el error en el contrario. La última campeona de Europa fue Portugal; la del Mundo, Francia. Y si analizas punto por punto las virtudes del mejor club, el Liverpool, los genios (Salah o Mané) trabajan como perros de presa, los partidos son una tortura física para el rival, el contragolpe y la posesión corta son consignas y el trabajo de presión sobre el rival, buscando siempre el fallo, la clave.

Las palabras clave son «intensidad», «concentración» y «solidaridad», términos que valen para un partido o una operación bélica perfectamente coordinada. La pelota es el fin y no el medio. El mérito del Getafe es el de haber perfeccionado el estilo desde la modestia… y seguir sorprendiendo aunque todos sepan qué vas a hacer. Ser previsible pero inabordable.



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