CARTA DEL DIRECTOR

Francisco Javier Martínez


Nuestros tesoros ocultos

El Castillo de Haro, el Convento de Nuestra Señora del Rosal (Priego), el Castillo de Puebla de Almenara, el Monasterio de Santo Domingo de Guzmán (Huete), el Castillejo de Luján (Saelices) el Palacio Tello de Meneses (Pozoamargo), el Palacio de los Gosálvez (Casas de Benítez), el Castillo de Santiago de la Torre, la Iglesia Real de San Nicolás de Medina (Huete), el Hospital de San Andrés (Belmonte) y la Casa de los Linajes de los Salcedo (Huete) son inmuebles históricos y artísticos señalados en rojo por la Asociación Hispania Nostra. Esto quiere decir que están en serio peligro de desaparecer y, con ellos, también desaparecerá una parte fundamental de la historia de la provincia de Cuenca. Pero el verdadero problema es que no son los únicos casos que existen en la provincia. De hecho, en estas mismas páginas de La Tribuna de Cuenca, el investigador taranconero Marino Poves reclama alguna clase de protección para el barrio del Castillejo, uno de los más populares e históricos de la ciudad taranconera.  
El ser humano tiende a no valorar aquello que tiene en su entorno, precisamente por la proximidad, y los pequeños tesoros que nos rodean sufren este fenómeno. Cada municipio de la provincia conquense encierra, más o menos público, algún tesoro arquitectónico, histórico o artístico que trasciende de la historia estrictamente local. De hecho, por ejemplo, el Castillo de Santiago de la Torre, situado en el término municipal de San Clemente, llegó a pertenecer a los Reyes Católicos.
La riqueza histórica y artística de los pequeños municipios es admirada fuera de nuestras fronteras y, en demasiados casos, también expoliada por verdaderos traficantes de arte que colocan las piezas en el mercado negro internacional.
Los pequeños y medianos ayuntamientos deben valorar estos tesoros y sumar un atractivo a su oferta turística. Estamos cansados de reivindicar medidas concretas para la España vaciada, mientras monumentos, como los citados anteriormente, se degradan cada año que pasan. Pues una medida pasa por recuperar y conservar el rico patrimonio que existe en los pequeños municipios, porque puede suponer la fijación de población en estas localidades con patrimonio a través de un flujo de visitantes que mantenga bares y restaurantes, hoteles, casas rurales o que genere algún tipo de empleo directo -guías, tiendas de recuerdos y productos típicos...-. La España vaciada reclama medidas activas ya y no promesas electorales, que últimamente se suceden cada año y que después sólo se concretan en comisiones y programas públicos para colocar a amigos y conocidos y con escasos resultados sobre el terreno. Y así nos va... el patrimonio en decadencia y los políticos de campaña.