DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


La necesaria berrea

Los que siguen a Francisco Javier Cuesta Ramos le conocen como Frank Cuesta o Frank de la jungla. Y los que están al tanto de sus pasos no son pocos: más de un millón en Facebook, 577.000 en Twitter y 380.000 en Instagram. Le gustan los bichos pero no es animalista, lo que, sin encontrarme entre sus seguidores, no es una mala carta de presentación. No tengo muchas referencias suyas; sólo he visto el reportaje que hizo de los toros y me encontré un producto muy profesional de gran mérito, debido a su condición de antitaurino. Se interesó por todos las vertientes de una fiesta que la mayoría de los que quieren eliminarla jamás se han acercado a ella. «Los toreros no son asesinos, son personas. Prohibir algo por prohibir es horrible. Los toros se van a acabar cuando la gente deje de ir a verlos». 
Frank Cuesta estuvo el fin de semana en Orea, que es el municipio con mayor altitud media de toda Castilla-La Mancha. Está en la raya de Aragón y es el pueblo más alejado de Guadalajara capital. Los que han contado los kilómetros concluyen que le supera Motos, pedanía de Alustante, pero no deben de andar muy lejos. A pesar de que no pilla de paso de casi nada, el Alto Tajo tiene suficientes argumentos para que Frank acudiera a Orea a grabar cualquiera de sus reportajes para el programa que emite DMax. Esta vez le llevó la berrea, ese período del otoño en el que el monte regala un espectáculo acústico incomparable con la llamada de los machos que intentan dominar el terreno. Sus luchas para conseguir a la hembra son apasionantes. Es más fácil escucharlos que verlos, pero sólo lo primero merece la pena. 
Hace cuatro años en Orea se inventaron un concurso internacional de berrea. «Un día de fiestas, la gente se fue de berrea y por iniciativa de un vecino del pueblo decidimos berrear nosotros», cuenta la alcaldesa, Marta Corella, cuya figura requiere un artículo para ella sola. Este año me ha pillado en mi pueblo, Armallones, escuchando a los ciervos de verdad en el paraje que llaman Cañada del Lituero, pero, viendo el vídeo del certamen, cualquiera de los participantes -incluido Frank de la jungla y la alcaldesa-, se podría hacer pasar por un venado. «Aaaaaaaaaaaaaah, ¡Ah!Ah! ¡Ah!». 
El ingenio de las gentes de la sierra no tiene límites y no hace falta que nadie venga de Guadalajara, de Madrid o de Toledo a darles lecciones. Frank Cuesta entendió desde el primer momento que ese concurso de berrea es algo más que un simple acto lúdico para reunir a toda la gente del pueblo. «Esto es divertido porque lo pasáis muy bien. Lo más importante es que sirve para que los niños aprendan muchas de las cosas que desprecian en las ciudades. La berrea es un espectáculo y la caza es necesaria», concluyó el televisivo Frank. 
Uno de los grandes problemas del Alto Tajo y de la España vacía en general es que el lamento es más frecuente que la acción. Hace tiempo que sigo a la alcaldesa de Orea y debería servir de ejemplo de muchos alcaldes que se quedan en lo que pudo ser y  no fue, sin asumir que nadie de fuera va a venir a dar vida a nuestros pueblos. Frank de la jungla advirtió que ni las manifestaciones ni las palabras bonitas ponen freno a la despoblación. De unas y de otras estamos ya cansados, aunque sea necesario alzar la voz de vez en cuando. El espíritu del 31 de marzo vuelve este viernes con un paro de cinco minutos apoyado por más de un centenar de plataformas de la Revuelta de la España Vaciada. Los símbolos son necesarios, pero mucho más políticos como Marta Corella.