MIS RAZONES

Pilar Gómez


Un gobierno para España

Dos años casi sin Gobierno. Cuatro elecciones en cuatro años. Un país paralizado, catatónico, pasmado. Toca salir ya del bloqueo institucional y que alguien se ponga a trabajar. El escenario por el que apuesta Pedro Sánchez no se antoja el más esperanzador. Un Ejecutivo de coalición con un partido de la extrema izquierda. Algo sin parangón en toda Europa, salvo en Finlandia, país con el que apenas tenemos puntos de conexión.
Un Gobierno que, además, debería recibir el aval de una serie de minúsculas formaciones nacional-regionalistas, que demandarán su cuota de compensación en forma de dádivas, dineros, inversiones... Y, lo que es más inquietante, una investidura que precisaría del concurso de ERC, partido separatista liderado por un condenado por sedición contra el Estado y que ahora cumple su condena en prisión.
¿Es este el Gobierno que desean los españoles? La aritmética electoral tiene estas cosas, al igual que la aritmética parlamentaria tiene sus complejidades. Sánchez no ha mirado ni una sola vez hacia el centroderecha a la hora de armar su proyecto nacional, si es que lo tiene. Debería haberlo hecho. Al igual que las formaciones de ese bloque también deberían haber dado un paso al frente para evitar los tiempos inquietantes que se avecinan.
La solución más razonable, atemperada y lógica sería un partido de concentración nacional con PSOE, PP y Cs, un Ejecutivo para desarrollar las iniciativas necesarias que pongan fin a la sublevación en Cataluña y que afronte los serios rigores económicos que ya nos zarandean. No parece que vaya a cuajar este proyecto sensato y constitucionalista. Sánchez ya se ha abrazado a su pareja. Parece que el mal, salvo viraje inesperado de última hora, es inevitable.