LA MAREA

Antonio Pérez Henares

Escritor y periodista. Analista político


El colchón y el banquillo

En el momento político que nos toca la desgracia de vivir, tan escuálido de principios y talla, como hinchado de egolatría y ambición, las consecuencias globales y generales de sus actos, más allá de conseguir el poder, único y exclusivo objetivo, no son objeto ninguno de atención. Ni los medios supuestamente de información ni siquiera, abducidos por ellos, por la población parecen interesados en contar una especie de obscena, pero normalizada, partida de cartas donde solo importa quien gana, se hace con el botín y se lleva el sillón, en lenguaje sanchista, el colchón. Lo demás no importa, aunque será pasado mañana lo que en verdad importará, en todos los sentidos, y convertirse tal vez en una pesadilla colectiva y dramática de la que la ciudadanía española suponía estar vacunada para siempre jamás.

Desde luego, a quien ello no parece importale un pimiento es al protagonista principal. Pero tal vez sí debería importarle. Y quizás por algo que no se haya ni siquiera parado a pensar ni contemplar. Ni él ni quienes le secundan y son copartícipes de sus acciones presentes y de las que están por llegar.

Destripar la Constitución, eviscerar la propia entraña de la Nación y descuartizar la soberanía nacional para repartirla a cachos, es, sin duda, la voluntad confesa, terca y obstinada de quienes se ha elegido por parte de Sánchez, los ha elegido él y nadie más que él desde el minuto uno, para conseguir mantenerse en el poder y gobernar la nación. Tanto es así, que esos con lo que se sienta a negociar, sus jefes máximos, son quienes por intentarlo ejecutar están prófugos de la justicia o en prisión. Delinquieron sediciosamente y han sido condenados por ello. Es la ley.

Porque la ley nos ampara pero también nos obliga a todos. Nadie está exento de someterse a ella. Y a la que aún menos a la ley de Leyes, al precepto fundamental de nuestro Estado de Derecho, la Constitución. Tampoco Pedro Sánchez, tampoco el presidente del Gobierno. El primero de todos habría de ser. Pero seguro que a él ni se le pasa por la cabeza, ni parece que a nadie de su entorno tampoco, pero esa Ley puede caer sobre él y quienes lo secunden, al igual que ha caído sobre Junqueras y los dirigentes separatistas si un día la traspasa, la conculca y delinque contra ella. No solo es que pueda, es que si de da la circunstancia estará en su deber y obligación.

El aspirante a seguir en la Moncloa ha repetido muchas veces que en la Constitución está su límite. Pero aunque esté muy claro ya en el capitulo 1º, del que se desprenden todos los demás, y en toda la letra y en el espíritu de la Carta Magna, caben muchas dudas, a tenor de sus dichos y sus hechos, de que quien lo tenga claro sea él. O aún peor, que su conveniencia le lleve a enturbiarlo, retorcerlo y hacerlo puré. Con un añadido que su comportamiento convierte en evidencia: Las proclamaciones solemnes, los compromisos enfáticos ante el pueblo, las promesas y aseveraciones de Sánchez de lo que no va, no iba, a hacer son exactamente el avance cada vez más diáfano de lo que en realidad luego va a hacer. En su mentira es donde está su verdad. Con quien no gobernaría nunca, con quien no pactaría jamás, es con quien hoy se abraza y a quien mendiga.

No tengo duda alguna de que va a conseguirlo. Ninguna. La cuestión será el precio pagado, quizás a pagar más tarde, pero que se pagará. ¿Y si ese pago supone un una vulneración de la Ley, una violación del la Constitución?. ¿Qué se puede hacer? Pues, entre otros, hay instrumentos judiciales que, antes o después, podrían tenerse que poner en marcha y hasta culminar en un banquillo en vez de en un colchón.