CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Ilícito compadreo

El pasado viernes Alberto Pozas ha presentado su renuncia como director de Información de la Presidencia de Gobierno. Ese mismo día la dirección del periódico digital OK diario, dirigido por Eduardo Inda, era “visitado” por la policía judicial que investigaba la publicación del contenido de un móvil perdido -o robado- de una antigua colaboradora de

Pablo Iglesias. Pozas es un acreditado periodista de larga trayectoria que fue director de “Interviú” y responsable de comunicación del ministerio de Interior. A Inda siempre le acompañó la polémica, incluso cuando fue director de un periódico ajeno a la política, el “Marca”.

Los dos tienen algo en común: conocían al comisario Villarejo y a su equipo, el que autodenominado “policía patriótica” y cuyo supuesto patriotismo consistía en organizar todo tipo de operaciones ilegales para desestabilizar las instituciones más importantes del Estado, además de utilizar la información ilegalmente conseguida para chantajear a toda clase de personalidades, algunas de ellas clientes que habían acudido a ese grupo policial para que les sacara de problemas personales y profesionales.

Los problemas actuales de Pozas e Inda están relacionados con una operación montada por ese grupo “patriótico” para desacreditar a Podemos presentándolo como partido promovido y financiado por el chavismo e Hizbullah. Operación organizada cuando era ministro de Interior Fernández Díaz. Cuesta creer que no estuviera al tanto de lo que hacía su policía, pero cuando se recuerda que él mismo tenía micrófonos ocultos en su despacho oficial, y se publicaron las conversaciones que mantuvo con el entonces responsable de seguridad de Cataluña, ya no se sabe si era víctima o impulsor de las fechorías de Villarejo y su gente. Sin embargo sí se sabe, con toda certeza, que ciertos periodistas aceptaron ser las correas de transmisión de todo aquello que interesaba transmitir a Villarejo. Inda, desde luego, y no fue el único; Pozas aparentemente tuvo un

comportamiento muy distinto.

La clase periodística necesita una revisión urgente, aunque no sea más que para mantener su credibilidad separando el grano de la paja. Docenas de medios publican informaciones que les llegan por la puerta de atrás y a las que dan conociendo sus ocultas intenciones, o que son falsas, o en el mejor de los casos, las consideran ciertas pero no se toman la molestia de contrastarlas. Se maneja mucho dinero en ese tipo de componendas y de compadreo, y se abierto la veda a la ilegalidad. Un profesional ha grabado personalmente la conversación mantenida con su superior para negociar después una importante cantidad de dinero para callar la boca cuando le llegó el despido.

Millones de españoles se escandalizan, con razón, por la corrupción política, que ha hecho caer un gobierno y que se esgrime constantemente en esta campaña en la que se producen episodios asombrosos y absolutamente ilegales ante las narices de los miembros de la Junta Electoral. Importantes políticos han perdido sus carreras. Un periodista se ha visto obligado a dimitir estos últimos días. Solo uno.