Ribereños y los regantes murcianos tejen una alianza

e.f.
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Ambos grupos reclaman que los usuarios menores estén en las entidades que gestionan el agua para hacer frente a los «grandes intereses» que ya empiezan a entrar en La Mancha

Ribereños y los regantes murcianos tejen una alianza - Foto: José Miguel Esparcia

e.f. / albacete
Representantes de los municipios ribereños de los embalses de Entrepeñas y Buendía se reunieron ayer en Albacete con regantes murcianos «de los de a pie», para buscar canales directos de entendimiento entre los usuarios del agua, al margen de los «grandes intereses» políticos y económicos que alimentan los enfrentamientos entre Castilla-La Mancha y Murcia.
La reunión se celebró en el Salón de Plenos del antiguo Ayuntamiento de Albacete y se permitió la presencia de los medios de comunicación para que éstos pudiesen tomar nota de todo lo que se decía. De entre todo lo que se habló, lo más llamativo e inquietante fue la advertencia que hizo uno de los representantes de la región vecina acerca de los auténticos intereses que, ahora mismo, alimentan el conflicto del agua.
«El verdadero problema ya no son las comunidades de regantes», advirtieron, «ni las organizaciones agrarias, ni el Sindicato Central de Regantes del Tajo-Segura; tampoco el Gobierno de Murcia, los cuatro o cinco terratenientes de toda la vida o la media docena de grandes multinacionales que controlan la industria agroalimentaria o la distribución; ahora hay un problema mayor, los fondos de inversión, que están por encima de todos».
Según explicaron, el crecimiento demográfico y el cambio climático convierten la producción de alimentos en uno de los grandes negocios del siglo, lo que ha hecho que varios «fondos buitre» intenten hacerse con el control del sector agrario y de los recursos hídricos «y ya os podéis ir preparando en La Mancha», advirtieron, «porque están entrando por Albacete, precisamente».
Al acabar la reunión, comparecieron el vicepresidente de la Asociación de Municipios Ribereños, Borja Castro, por la parte manchega, y la presidenta de la Agrupación Rural de Regantes de Raiguero de Totana, María Costa, por la murciana, aunque ambos dejaron claro que, cuando hay voluntad de entenderse entre pequeños usuarios, las diferencias se pueden superar y las lindes que separan a La Mancha y a Murcia se difuminan.
«Cuando me dijeron de venir a Albacete, dije que sí, pero con una condición», explicó María Costa, «y es que yo solo me quería reunir con los pequeños usuarios, con los de abajo, porque tenemos un mismo problema, que no nos dejan estar en las instituciones porque ahora mismo estamos en manos de cuatro, y esos cuatro están en manos de la banca, el dinero manda ahora en el negocio del agua».
incógnitas. Costa, por ejemplo, se dijo indignada al saber, por boca de los ribereños, «que en pleno siglo XXI aún queden pueblos que se abastecen con cubas; se supone que Castilla-La Mancha ha recibido como canon del Trasvase Tajo-Segura más de 680 millones de euros; ¿dónde está ese dinero?, ¿quién lo cobra?, ¿quién lo tiene?,  ¿en qué se ha invertido, si se ha invertido?».
De la misma forma, Borja Castro se preguntó adónde ha ido una parte sustancial del agua que sale de los embalses de Entrepeñas y Buendía «que, simplemente, nadie sabe dónde está, cómo se asigna, a quién y, sobre todo, para qué se ha usado» e, igualmente, reclamó que grandes y pequeños estén en las instituciones del agua.
«Hay un entramado de intereses increíblemente grande y opaco en torno al agua», dijo Castro, «que exige decretos de sequía para que los pequeños no accedamos a ella y, al mismo tiempo, puede crear 50.000 hectáreas de regadíos ilegales para un pequeño grupo de firmas que tienen detrás a los llamados fondos buitre».
Una prueba del poder que tiene este entramado es, aseguraron ambos, las «enormes presiones» que existen en estos momentos para impedir que las plantas desaladoras funcionen a pleno rendimiento, lo que provocaría una bajada del precio del coste del metro cúbico del que se beneficiarían todos los usuarios, grandes y chicos «porque si algún día las desaladoras llegan a funcionar como deberían, veríamos un milagro, que el trasvase seguiría funcionando, pero al revés».