RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


La edad del chismorreo

Los humanos empezaron a hablar para contar cotilleos, para chismorrear sobre lo que hacían otros miembros de la tribu. El gossip es el estado primigenio de la comunicación. Las primeras preocupaciones de casi todos los niños sanos giran en torno a cosas que han ocurrido en sus grupos inmediatos: algo que les ha pasado en clase, la actitud de un compañero, las relaciones cotidianas con sus hermanos o sus padres...
Hay un salto desde ahí hasta la construcción de historias complejas, de argumentos vertebrados con puntos de vista teóricos o discusiones abstractas sobre ideas y conceptos. Y aunque llevemos una mano de pintura cultural por encima, las tramas narrativas más exitosas se reducen al final a un chismorreo. Lo son las telenovelas, pero también alguna de las obras cumbre de la literatura universal o el cine. No hay guión posible en Hollywood sin una trama o subtrama de padres conflictuando con hijos, hermanos, amigos, amantes...
La fase histórica que vivimos es, en cierta manera, una vuelta al chismorreo. Con la producción cultura y política totalmente democratizada por vía de las audiencias y los sondeos, el argumentario ha quedado inundado por asuntos identitarios, relaciones personales, anécdotas, situaciones. En síntesis: cotilleos. Las noticias más comentadas de los últimos años tienen casi siempre que ver con comportamientos individuales o de grupos reducidos: un chalet en Galapagar, un lío de faldas, un agravio personal, una anécdota elevada a categoría...
El corresponsal de Latinoamérica del Corriere della Sera -Italia sigue siendo el laboratorio de Europa- advertía hace quince años de que su periódico había dejado de mostrar interés por las corrientes de fondo. «Solo puedo escribir ya sobre personajes, el resto no interesa. Mis editores han perdido el interés por todo aquello que no sean anécdotas sobre personas». Aquí podríamos suscribir al 100%.



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