CARTA DEL DIRECTOR

Francisco Javier Martínez


¿La sorpresa de la fragmentación?

Las Elecciones Generales dejaron un panorama político nacional un tanto convulso porque nadie conocía a ciencia cierta el resultado y pasara lo que pasara sería una sorpresa. Pero había indicios de lo que podía suceder. Por ejemplo, que existirían dos bloques bien diferenciados de izquierda y derecha y que la partida se jugaría en la suma de los partidos uno u otro bloque.
Lo que ya no era tan predecible es que el electorado se mantuviera fiel a sus comportamientos en citas electorales precedentes y que la clave de todo volvería a estar en el centro. La irrupción de Vox en el panorama político nacional desvió el foco mediático hacia la derecha, al igual que lo hizo a la izquierda cuando nació Podemos, pero lo que verdaderamente decidió fue la bolsa de electores del centro que eran los indecisos de las encuestas. Los sondeos volvieron a fallar y ya su credibilidad desciende al mismo ritmo que sube la del denostado Tezanos, del CIS, cuya encuesta fue la más acertada de todas.
Cuenca siguió la tendencia nacional. Felices se las prometía el Partido Popular a priori y sus candidatos salieron escaldados. El exministro de Justicia, el madrileño Rafael Catalá, mantuvo su escaño por Cuenca, pero no así la taranconera María Jesús Bonilla, que se despide como senadora y como concejal, por lo que se queda en el panorama político en cargos internos del Partido Popular.
El desmoronamiento del PP en Cuenca llega después de tres décadas de hegemonía y cede el testigo al PSOE, que supo leer mucho mejor las preferencias del electorado. Mientras los populares intentaban frenar el ascenso de los ultraderechistas de Vox con su mismo discurso, Ciudadanos y el PSOE le ganaron terreno por el centro, con lo que el descalabro fue mayúsculo, sobre todo en circunscripciones como la conquense que durante años fue un granero de votos del PP.
Los dirigentes populares lanzaron la misma justificación sobre su derrota: la fragmentación del voto de la derecha en tres partidos -PP, Ciudadanos y Vox-, un fenómeno que era previsible cuando se formalizaron las listas electorales. Lo que deben admitir es que su estrategia fue desafortunada y tendrán que trabajar duro para remontar el resultado en las próximas elecciones autónomas y municipales. Tienen algo a favor: en la mayoría de los municipios no hay listas ni de Vox ni de Ciudadanos, pero en juego está, entre otros, los gobiernos de la capital y de la Diputación. ¿Conseguirán conservar la institución provincial y el Ayuntamiento más grande de la provincia? Eso sí que no será previsible y los electores juzgarán en las urnas, pero eso es ya otro episodio de la historia democrática de la provincia. Acomódese, querido lector, porque a buen seguro que será apasionante.