Del agua bendita al gel hidroalcohólico

Leo Cortijo
-

Después de dos meses de eucaristías sin asamblea, las parroquias de la provincia celebran misas al 30 por ciento de su aforo, con una serie de recomendaciones sanitarias y unos fieles «concienciados y responsabilizados» con la situación

Del agua bendita al gel hidroalcohólico - Foto: Reyes Martí­nez

Solo un 30 por ciento de los fieles pueden acudir a misa y deben hacerlo con mascarilla y ocupando un lugar concreto y delimitado en cada banco. El agua bendita se ha sustituido por gel hidroalcohólico a la entrada de los templos y tampoco se distribuyen libros o folletos. Dar la paz se ha cambiado por un gesto y para comulgar, preferiblemente en la mano, hay que seguir una serie de recomendaciones. Está claro que todo ha cambiado mucho, que ya nada es como antes. Y así será, al menos, durante un tiempo. Ahora bien, después de dos meses de eucaristía sin asamblea, aunque suene algo raro, esto ya es un logro...

«Los fieles lo necesitaban», comenta Antonio Fernández, párroco de la iglesia de San Esteban, porque «deseábamos vernos y juntarnos». El también vicario general de la diócesis conquense entiende la Iglesia como una «familia» que hasta ahora ha tenido a sus miembros separados, aunque conectados a través de las nuevas tecnologías. Pero eso, advierte, «no es la vida humana, es una excepción extraordinaria ante estas circunstancias, pues no estamos llamados a vivir eternamente así».

Para entrar a la fase uno con garantías, en las parroquias de Cuenca ya habían hecho los deberes previos. «Nos habíamos preparado para esta semana, sobre todo concretando las medidas para reiniciar el culto a través de las recomendaciones que la Conferencia Episcopal mandó a todas las diócesis siguiendo las líneas generales de la autoridad sanitaria», explica Fernández.

Y así, en San Esteban, «como en el resto de parroquias de la provincia, cada una con sus circunstancias particulares», han seguido a rajatabla el protocolo establecido. En este céntrico templo capitalino se apoyan en un grupo de voluntarios. Se reparten de tres en tres en cada una de las misas que se celebran en esta iglesia, tres los días laborales y cinco los domingos y festivos. Mientras un voluntario recibe a los fieles con gel hidroalcohólico en la puerta, otro los ubica en los sitios habilitados que están marcados en cada banco. San Esteban, siguiendo la norma del 30 por ciento del aforo, puede celebrar misas con hasta 80 asistentes. Los voluntarios también se encargan de organizar la comunión para que se respeten las distancias y, al terminar la eucaristía, higienizan los bancos y preparan todo para la próxima misa.

Concienciación. Durante estos primeros días en los que las iglesias han vuelto a recibir a devotos, se mira con lupa el buen cumplimiento de las normas. En este sentido, Antonio Fernández valora positivamente la respuesta no solo de los fieles que acuden al templo, sino de la gente en general: «Acuden muy mentalizados a la iglesia, acatando las directrices establecidas, y eso es lo que se ve también en la calle en líneas generales, hay responsabilidad». Y así tendrá que ser porque durante un tiempo «tenemos que aprender a convivir con ello». En lo que a la Iglesia respecta, «ponemos todos los medios que tenemos al alcance para reducir el riesgo de contagio».

Sea con las restricciones que sea, es «fundamental» escuchar la palabra de Dios y vivir el Evangelio en estos momentos de contrariedad, donde surgen dudas o preguntas. «Estamos acostumbrados a una rutina y a un quehacer diario que nos ofrece seguridad hasta que llega algo que lo pone en jaque en todas las dimensiones de nuestra vida, y es ahí donde la fe aporta luz y una gran esperanza», sentencia este sacerdote.

Antonio Fernández, vicario general de la diócesis

«Será difícil medirlo con estadísticas, números o cifras, pero muchísimas personas se han acercado a Dios durante estos días porque ha sido una época, dentro del dolor y el sufrimiento, para reflexionar y para crecer hacia dentro». Así se expresa el vicario general de la diócesis de Cuenca, Antonio Fernández, que ahonda en la dimensión religiosa del ser humano, «algo que siempre está ahí». Esta pandemia mundial ha servido para comprobar que los seres humanos «nos creíamos superpotentes y dueños de todo y no, no es así, porque fíjate cómo una cosita tan pequeña nos ha puesto en nuestro lugar», destaca el párroco de San Esteban. Por eso, finaliza, «de toda esta situación deberíamos aprender una lección».