Faenón antológico de El Juli

Paco Aguado (Efe)
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Faenón antológico de El Juli - Foto: Raul Caro Cadenas

Julián López abre su sexta Puerta del Príncipe y corta tres orejas en una corrida de Garcigrande con un toro de vuelta al ruedo

Un soberbio lote de toros de Garcigrande, y en especial el quinto, premiado con la vuelta a ruedo, además de un presidente demasiado dadivoso regalaron a El Juli el privilegio de salir por sexta vez a hombros por la Puerta del Príncipe al final de la corrida de ayer de la feria de Abril de Sevilla.
La concesión al madrileño de las, en otras ocasiones, casi inalcanzables tres orejas que se necesitan para ello fue esta vez un aval demasiado escaso para que el torero franqueara el umbral de la gloria taurina sevillana, por la ligereza de pañuelos presidenciales y porque su actuación rayó por debajo de la calidad de sus dos toros.
Ya la que le concedieron del segundo de la tarde fue una oreja tan barata como protestada, pues el trasteo que El Juli le hizo a un astado noble y claro, aunque sin excesiva chispa, pecó en muchas ocasiones de una seca dureza de muñecas y no llegó a calentar apenas al tendido, salvo en su efectista tramo final.
Pero el toro de la corrida fue el quinto, Arrogante de nombre, fino, bien cortado, de bella lámina, que además dio un juego sobresaliente. 
Descolgando el cuello hasta poner el hocico en la arena en cada embestida, abriéndose con clase en cada embroque y repitiendo con un ritmado galope, el de Garcigrande acudió a todos los cites con nobleza y entrega.
Por eso pareció inmerecido, sobre todo para el animal, el planteamiento de El Juli, que, en vez de responder con la misma entrega y sinceridad, se aplicó durante casi toda la faena con visibles e innecesarias ventajas.
Salvo en una muy buena serie de naturales a mitad de faena, en demasiadas ocasiones del mayoritario muleteo derechista, el veterano espada se colocó muy sesgado con las embestidas, sin ofrecer los frentes.
No es ya que se metiera tras la pala del pitón para ligar y mover las embestidas, es que hubo momentos en que lo hizo incluso colocado junto al cuadril trasero. Solo que, con tanta facilidad y habilidad, que el público se entretuvo y se divirtió con tan artificiosa puesta en escena.
Y tanto como para pedir esas dos orejas que el presidente concedió con sobrada alegría y ninguna exigencia, aunque al menos hiciera justicia al asomar también el pañuelo azul para el bravo cuatreño salmantino.