La pandemia aumenta un 23% las actuaciones de los bomberos

Leo Cortijo
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En torno al 40 por ciento de las actuaciones que el servicio llevó a cabo en 2020 se circunscribe de forma directa al coronavirus, principalmente con la higienización de espacios públicos y la apertura de puertas.

La higienización y limpieza de centros geriátricos, dependencias municipales, centros educativos y servicios sociales fue una de las tareas fundamentales de los bomberos durante la primera ola. - Foto: Reyes Martínez

Están ahí siempre que se les necesita, llegan a donde casi nadie puede y hacen frente a las situaciones más adversas y en las peores condiciones posibles. Su ya fundamental papel como servidores públicos se ha multiplicado exponencialmente desde el estallido de la pandemia. 2020 no fue un año fácil para nadie, pero menos para aquellos cuya razón de ser es garantizar la seguridad de todos los ciudadanos. Los bomberos de Cuenca aumentaron un 23 por ciento el número de sus intervenciones durante el año pasado con respecto a 2019. Durante los meses en los que el virus nos puso contra las cuerdas en mayor medida, tuvieron que redoblar esfuerzos y eso se deja notar en su hoja de servicios.

De hecho, algo más de un 40 por ciento de las actuaciones que llevaron a cabo en 2020 se circunscriben de forma directa a la incidencia del coronavirus. En su nómina de intervenciones hay un epígrafe que llama poderosamente la atención bajo el título ‘otras inspecciones’, pues ahí se recogen 262 de las 615 actuaciones anuales. En 2019, en este mismo apartado sólo se notificaron 31 de las 501 que hubo en total. Según explica a La Tribuna el jefe del servicio de Bomberos y Protección Civil del Ayuntamiento, Pablo Muñoz, esas ‘otras inspecciones’ corresponden, fundamentalmente, a la higienización y limpieza de centros geriátricos, dependencias municipales, centros educativos y servicios sociales, entre otros muchos edificios públicos.

Esa fue la tarea más importante a la que tuvieron que hacer frente los bomberos de la ciudad durante los momentos más complejos de la pandemia. De esta forma, sus intervenciones entre marzo, abril y mayo prácticamente se duplicaron de un año para otro: 116 en 2019 y 228 en 2020. Fue la tarea más importante, pero no la única, ya que –coordinados con otras fuerzas y cuerpos de seguridad– también efectuaron, por ejemplo, la recogida y entrega de alimentos en varios colegios, centros sociales, recursos asistenciales y domicilios particulares; así como la recepción y entrega de material sanitario al hospital, centros de salud o instituciones.

La pandemia aumenta un 23% las actuaciones de los bomberosLa pandemia aumenta un 23% las actuaciones de los bomberos

Otro de los trabajos más habituales durante el último año fue la apertura forzosa de puertas. Entre los meses de febrero y mayo, sin ir más lejos, registraron hasta 12 actuaciones de este tipo, por las tres que realizaron en 2019. Según explica Muñoz, un número importante de estos casos eran personas que enfermaban solas en casa y de gravedad sin que sus familiares lograran contactar con ellos. La labor de los bomberos consistía en abrir las viviendas para que los profesionales sanitarios pudieran analizar su estado de salud.

A lo largo del año también se observa una notable fluctuación en relación directa a las diferentes olas. Partiendo de la primera que, sin ningún género de dudas fue la más intensa y la que disparó todos los registros, se puede comprobar un segundo repunte tras la aparente tranquilidad del verano, coincidiendo con los meses de octubre y noviembre. En esa segunda ola de la pandemia intensificaron las labores de desinfección en aquellas residencias, principalmente, en las que repuntaron los contagios y los fallecidos. Tres cuartos de lo mismo vivieron durante el tercer pico pandémico, a partir de mediados de diciembre y que tuvo su prolongación durante enero y febrero de este año.

Asimismo, otro aspecto interesante en el que el jefe de Bomberos pone el foco es que mientras se aplicaron las medidas restrictivas más severas, especialmente durante el encierro domiciliario de primavera, se desplomaron hasta casi la nada otras actuaciones más habituales en su día a día antes del terremoto vírico. Desde incendios hasta accidentes de tráfico, pasando por rescates, derrumbamientos, inspecciones, escapes de gas, achiques de agua, intervenciones con animales... Todas esas labores cayeron en picado, básicamente, «porque estábamos en casa, no había apenas movilidad y los riesgos se reducían», explica Muñoz, para el que 2020 fue un año marcado «de principio a fin» por la pandemia.

El jefe del servicio de Bomberos y Protección Civil, Pablo Muñoz.El jefe del servicio de Bomberos y Protección Civil, Pablo Muñoz. - Foto: Reyes Martínez

Ejemplo de compromiso. Combatieron en todos los frentes, especialmente en aquellos en los que el enemigo invisible que nos amenaza desde hace un año ha hecho auténticos estragos. Los bomberos y los voluntarios de Protección Civil fueron los principales encargados de higienizar, desinfectar y prestar toda la ayuda posible en esos enclaves en los que se libró de forma más descarnada esta cruenta batalla durante la primera ola. Desde ese momento y hasta ahora, han sido un ejemplo de compromiso y resiliencia.

Pablo Muñoz, jefe del servicio, recuerda aquellos días como los «peores y más complicados» de su dilatada trayectoria profesional. «Fueron días muy duros, de llegar a primera hora de la mañana y salir a última de la noche, en los que no sabíamos muy bien a qué nos enfrentábamos», argumenta. Como los bravos, tuvieron que crecerse en el castigo y sacar fuerzas de flaqueza para arrimar el hombro en todo lo que les pidieran.

Lo fundamental fue armarse, y para eso desarrollaron protocolos de actuación y sistemas de funcionamiento interno. Establecieron una serie de normas muy estrictas para prevenir contagios entre los efectivos del parque. Gracias a esa forma de maniobrar, durante todos estos meses y coincidiendo con las tres olas, sólo se han contagiado seis de los 40 que, más o menos, conforman el servicio.

De aquellos días de frenética actividad, marcados por «la incertidumbre y el continuo aprendizaje», Pablo nunca olvidará «las caras que ponían los abuelos de las residencias cuando nos veían aparecer ataviados de arriba abajo con los equipos de protección». Son estampas de una guerra que todavía hoy, un año después, seguimos librando.