COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Normalidad institucional... y qué hay de lo mío

La normalidad institucional ha presidido las conversaciones telefónicas mantenidas por el presidente el Gobierno en funciones, Pedro Sánchez con los presidentes de aquellas comunidades que accedieron primero a la autonomía, País Vasco, Cataluña, Galicia, Andalucía…. Faltaría más que no hubiera sido así. Cuestión distinta es la anormalidad de esta ronda de contactos establecida para llenar una semana de impasse en las negociaciones con ERC sobre su abstención en la investidura, mientras se resuelven las cuestiones judiciales y políticas que pueden marcar la posición definitiva de los independentistas catalanes.

En sus conversaciones con los presidentes autonómicos Pedro Sánchez ha manifestado su deseo de que la próxima sea la legislatura del diálogo territorial que encauce problemas y conflictos, mientras que cada uno de sus interlocutores también le ha preguntado por “qué hay de lo mío”.

Para el presidente catalán, Quim Torra, lo suyo, son las prisas, porque el calendario judicial corre en su contra y por eso quiere reunirse con Pedro Sánchez “lo antes posible”. Sánchez responde que sí, pero cuando haya nuevo Gobierno. Ninguno de los dos representantes institucionales se ha salido del guion, Torra al reclamar las reivindicaciones del independentismo y Sánchez al recordarle que se encuentra en un Estado de derecho con separación de poderes, y que “se necesitará tiempo”, dicen en La Moncloa,  para resolver un conflicto con tanta aristas. Sánchez, además, ha marcado distancias con la bilateralidad porque ha anunciado que piensa reunirse con todos los presidente autonómicos una vez investido, encuentros que también han realizado sus predecesores. .

Sánchez y Torra han hablado después de varios meses sin hacerlo, por las reticencias del presidente catalán a condenar la violencia que siguió a la publicación de la sentencia del procés, en una ronda de café para todos que el presidente del Gobierno ha azucarado con el anuncio de una conferencia anual de presidentes autonómicos en el Senado. Una promesa que realizan todos los inquilinos de La Moncloa, que luego se olvidan de cumplir a conveniencia, aunque tienen poca virtualidad dado el formato con el que se celebran, pero que Sánchez quiere que sirvan para “la reducción de la tensión territorial”. Sin embargo esa citas son más recordadas por las ausencias de los presidentes de Cataluña y País Vasco que por los acuerdos que se alcanzan en ella.

De lo suyo también ha hablado Sánchez con Urkullu al que ha recordado su compromiso para completar la treintena de transferencias pendientes recogidas en un Estatuto de Gernika que está a punto de ser reformado, que se vislumbra como una nueva fuente de tensiones territoriales a cuenta del supuesto derecho de autodeterminación y otros añadidos que tensionan las costuras constitucionales. Al presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo, preocupado por el futuro “peor gobierno de España”, le ha hablado de la permanencia de Alcoa y de inversiones, y del presidente andaluz, Juan Manuel Moreno, ha escuchado sus quejas por la imposibilidad de buscar financiación en el mercado exterior. Al presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla  le ha garantizado que no tendrá que renunciar al AVE porque el acuerdo con ERC no pondrá en riesgo la unidad de España. Lo mismo que a Torra pero sin circunloquios.