CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


La ronda

Debe creer el presidente en funciones que los españoles son cortos de mollera, que no se dan cuenta de que trampea más un trilero y que se está ganado a pulso el título de engañador mayor del reino, además de campeón de las maniobras de distracción.

Necesitaba hablar con Torra porque si no lo hacía se quedaba sin investidura, y lo disfraza abriendo una ronde de contactos con todos los presidentes autonómicos, como si le importara lo que piensan los que no forman parte del círculo que le va a permitir perpetuarse en La Moncloa. Engaña Sánchez transmitiendo quiere hablar con todo el mundo, cuando al margen de “todo el mundo” se ha echado en brazos de Iglesias y los independentistas, lo que indica cual es el grado de confianza que se puede dar al presidente.

Que continúe la ronda, y que continúe también comprando los votos de los nacionalistas y regionalistas, que se ven reyes del mambo ante un presidente dispuesto a darles lo que haga falta con tal de ser investido. Los que apuntan ya cuánto cuesta lo que ha prometido a Teruel, Canarias, País y Cantabria –sin contar que los catalanes también piden cosas tangibles además de la autovía hacia la independencia- calculan que, hasta ahora, la investidura sale por más de diez mil millones de euros de las arcas del Estado, que evidentemente tendrá Sánchez que sacar de alguna otra partida. De momento, castiga a los andaluces, con un gobierno al que hace pagar los desatinos del gobierno anterior… que era socialista; y con el descontrol del déficit protagonizado la ex consejera que ahora es ministra y traslada a Juanma Moreno las cuentas que ella dejó temblando.

Lo que ocurre con Pedro Sánchez es de tal despropósito que se comprende que millones de españoles, incluidos multitud de socialistas, se estén echando las manos a la cabeza.

Con Torra el juego ha sido esperpéntico: Torra le ha pedido autodeterminación y referendum y Sánchez le ha respondido que primero le apoye en la investidura y entonces hablarán de las exigencias. Es decir, no cierra ninguna puerta a las propuestas ilegales. Pero, al mismo tiempo, el presidente que exigía transparencia, pide apoyos a su investidura sin que se sepa qué está negociando o ha negociado ya con los que tiene amarrados el voto afirmativo. Entre ellos el PNV, que acaba de recibir un varapalo judicial con ex altos cargos condenados por corrupción. Y los independentistas, a una de cuyas dirigentes, Laura Borrás, se le abierto una causa penal por presunta corrupción. ¿Dónde está la posición de Sánchez de intransigencia contra la corrupción, que fue lo que le hizo promover la moción de censura contra Rajoy? Con el apoyo fundamental del PNV, por cierto.

Se quejan los socialistas de que sufren una orquestada campaña mediática. No hace falta orquestar nada: sufren críticas sinceras de periodistas escandalizados por el nivel de corrupción moral de un candidato a la presidencia.