Tiempos de swing

Sonsoles Arnao


Cholitas

«Nosotras hemos parido este proceso de cambio y lo vamos a defender», declaró Juanita Ancieta, líder de una de las mayores organizaciones sociales en Bolivia, la Confederación de Mujeres Campesinas Indígenas Bartolina Sisa. Esto explica que buena parte de esa población que inunda estos días las calles de La Paz contra el golpe de estado perpetrado el país andino, sean en buena medida, esas mujeres que han visto mejorar sus condiciones de vida y las de sus comunidades durante estos años de gobierno de Evo Morales. Hasta hace años, estas indígenas aymaras y quechuas, «las cholas», que emigraron a la capital para hacer de sirvientas de las clases acomodadas, no podían transitar libremente por el centro de La Paz e incluso se les negaba el acceso a algunos establecimientos. Hoy exhiben con orgullo, no solo su indumentaria, bombines, polleras y ponchos de colores, si no los logros conseguidos por muchas de ellas que han accedido a la universidad, son periodistas, escaladoras, líderes sociales o políticas, trabajadoras en instituciones del gobierno. Las «cholitas» participaron activamente en el desarrollo de una nueva Constitución que por primera vez, reconocía la plurinacionalidad de sus pueblos originarios además de otorgar derechos a los desheredados y desposeídos del país andino. 
La primera vez que Evo Morales visitó España pudimos verle en Toledo. En la recepción institucional, ondeaba la Whipala, bandera de los siete colores, símbolo de las comunidades indígenas junto a la tricolor oficial de la república. No en vano, esta bandera había sido incorporada en la recién constitución boliviana de 2008 como bandera oficial del país. Bolivia vivía esos años uno de los procesos de mayor efervescencia social y política en América Latina. El ascenso al poder de Evo Morales, primer presidente miembro de una comunidad aymara, supuso el reconocimiento y empoderamiento de esa mayoría de la población sumida en una situación de extrema pobreza, analfabetismo y desprecio, en un país con recursos suficientes para dotar a la población de mayores niveles de bienestar social. Unos recursos que en manos del Estado, han servido estos años para revertir la pobreza, mejorar los accesos de la población a la educación y sanidad, al tiempo que el PIB del país crecía con niveles considerables. Y esta es la principal causa detrás de este golpe de estado, cruel, racista y violento que esa oposición política, crucifijo y biblia en mano, y la colaboración de policía y ejército, han ejecutado en Bolivia. 
Una vez más, la bota intervencionista de Estados Unidos demostrando golpear fuerte. Y la oligarquía boliviana, representada por partidos y políticos satélites de los intereses norteamericanos en Bolivia para el control de sus recursos estratégicos, están asumiendo el poder a través de la violencia. Con el silencio cómplice de una Europa y unos medios de comunicación que han claudicado a la defensa de los derechos humanos y la soberanía popular, en esta era de democracia líquida. Pero las cholas han bajado a La Paz y van a defender el proceso de cambio que ellas han parido.