RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


Dos ositos pequeñitos

Hace unos años le leíamos a mi hija el cuento de dos ositos que nunca se ponen de acuerdo. Quieren meter las zarpas en el tarro de miel al mismo tiempo y acaban tirándolo al suelo, manchándose y creando un montón de problemas a su mamá. Se pelean por el mismo sonajero, forcejean para quedárselo y acaban golpeándose con un radiador y haciéndose un chichón. Son dos ositos con cara de inocentes y muchas cosas que aprender: oseznos que no saben manejar bien sus sentimientos, con un umbral de frustración muy bajo, probablemente por el exceso de mimos. Mi hija entendía la moraleja y, cuando la liaba y se arrepentía, preguntaba si se había portado como los ositos. Llegó a integrar el concepto en su catálogo de expresiones. 
En el último año, la historia de los ositos ha perdido protagonismo en casa. Mi hija ya más o menos entiende que no merece la pena comportarse como ellos, que es mejor hablar las cosas y llegar a un acuerdo, repartirse la miel por turnos sin acabar tirando al suelo el tarro, compartir el sonajero y jugar juntos. Creo que el cuento del osito está guardado en un cajón de su habitación, entre los juguetes de formas geométricas de Playschool, el piano con forma de gato que maúlla cuando lo enciendes y los cuentos con grandes ilustraciones y ninguna letra. Es gratificante pensar que mi hija ha superado esa fase de rabietas destructivas. Ya tiene siete años.