COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Lo que pierde España lo gana Europa

Mañana viernes será el último día que el ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell se siente en la mesa del Consejo de Ministros. A partir del 1 de diciembre se incorpora finalmente a la Comisión Europea presidida por Ursula von der Leyen como Alto Representante del Consejo Europeo para las políticas de Exteriores y Seguridad y Vicepresidente de la Comisión Europea, un puesto que debía haber ocupado ya de no haber sido porque el Parlamento Europeo rechazó el nombramiento de varios comisarios propuestos por la presidenta de la Comisión lo que permitió que Borrell siguiera en el Gobierno y que Pedro Sánchez no tuviera que proceder a su relevo en la rara etapa interelecciones.

Con la marcha de Borrell a Europa España pierde un político de altura, de los de la vieja escuela, de los que han tenido protagonismo en los momentos en los que el PSOE tuvo las riendas del Gobierno y que se puso al frente del partido en un momento de crisis pero dimitió por su responsabilidad in vigilando por hechos de corrupción de dos colaboradores. Josep Borrel ha sido uno de los principales activos con los que ha contado Pedro Sánchez, al que ha mostrado fidelidad hasta en las ocasiones más delicadas, y ha sido miembro destacado del gobierno bonito con el que este llegó a La Moncloa y que infundió confianza al llevar a los ministerios de Estado a personas conocedoras de lo que se traían entre manos.  

Antes y durante la asunción de la representación de la política exterior de España –y seguro que lo hará a partir de ahora en la CE- Borrell se ha destacado como un ariete contra el independentismo catalán al que ha marcado de cerca, mediante una política de respuesta a las mentiras del secesionismo en todos los ámbitos, primero contra las cuentas y los cuentos de los independentistas y luego con una importante labor de explicación y contrarréplica en las cancillerías y gobiernos europeos de la propaganda antiespañola desarrollada por el Govern y sus embajadas.

Borrell, un jacobino, cómo se le suele denominár, refractario al independentismo catalán, al menos no tendrá que ver desde responsabilidades de gobierno como acaban las negociaciones para la investidura de Pedro Sánchez que ha quedado, de momento, en manos de ERC. También los independentistas habrán respirado aliviados al ver como deja la política nacional una astilla de su propia madera, aunque desde sus despachos de responsabilidad en la UE seguirá desmantelando los ataques que pongan en cuestión la fortaleza democrática de España.

Con Borrel como mister PESC nuestro país ha recuperado presencia entre los altos cargos de la Unión Europea, una representación que había estado minusvalorada en los últimos años, y lo hace enviando a Bruselas un europeísta que ha sido presidente del Parlamento Europeo y del Instituto Europeo de Florencia, y que tiene una idea clara de que el reposicionamiento de la UE en el contexto internacional pasa por el reforzamiento de su identidad para hacer frente a las políticas de EEUU, Rusia y China que tratan de ocupar el espacio europeo, por afrontar las consecuencias del Brexit y por la potenciación de la seguridad común, uno de los flacos tradicionalmente más débiles de la política europea. Y sin duda lo hará con una visión más profunda que la meramente tecnocrática que han tenido sus predecesores.