CARTA DEL DIRECTOR

Francisco Javier Martínez


El pacto, las ovejas y el Congreso

Dice el presidente de la Comisión de lucha contra la despoblación en Cuenca, Ignacio Villar, que «lo fundamental es un pacto de Estado para revocar la política que se ha hecho durante los últimos 50 años». Y efectivamente, es así, pero ¿quién es el listo que le pone el cascabel al gato de la despoblación? Nos encontramos en un momento crítico de la democracia española. Sin Gobierno y con unos partidos políticos más preocupados en ocupar sillones que en servir al ciudadano que les votó, por lo que está claro que el mundo rural está muy lejos de los objetivos prioritarios de la clase política.
La concentración de población en las grandes ciudades provoca que los dirigentes políticos se centren en el medio urbano para conseguir sus puestos tan ansiados, mientras el medio rural languidece hasta su prácticamente desaparición. Eso sí, desde los despachos de la ciudad dictaminan cómo vivir en los pueblos sin conocimiento de causa. Un ejemplo de este esperpento lo vivió el pasado mes de junio el rebaño trashumante del Concejo de la Mesta, que estuvo detenido cuatro días en la frontera entre Madrid y Segovia, porque faltaba un papel oficial que a un funcionario se le había olvidado. Ver para creer. Tampoco es de recibo que el medio natural tenga que equilibrarse por sus propios medios. El resultado de las tesis ecologistas defendidas desde la ciudad es obvio: incendios de grandes magnitudes porque los equipos de extinción no pueden acceder a los focos y porque hay combustible de sobra para las llamas. Ahora, los mismos ecologistas aseguran que la solución está en permitir al ganado pastar en los montes. Entonces me pregunto: ¿qué ganado? En la mayoría de los municipios, la estampa del pastor con sus ovejas está en peligro de extinción, a causa, en gran medida, de las trabas que se les pusieron hace décadas para poder meter a ovejas y cabras en los montes y sierras por los postulados ecologistas. ¿Y ahora los gurús piensan que la solución es dar marcha atrás? Pues llevamos décadas de tiempo perdido.
El pacto de Estado del que habla Ignacio Villar se convirtió en el santo grial de la lucha contra la despoblación. Todo el mundo lo sitúa como la solución al problema, pero nadie lo conoce y, lo que es peor, nadie se pone manos a la obra para articularlo, entre otras cosas, porque están más preocupados de lo que pasa en los pasillos del Congreso de los Diputados que en solucionar los problemas de los ciudadanos. A lo mejor cuando firmen el pacto de Estado les pasa como con los rebaños de los pueblos, que ya no existe. Señorías, sigan con sus intrigas palaciegas, que el mundo rural ya sale de la notaría de firmar su testamento.