Italia, entre el miedo y la resignación

Álvaro Caballero (EFE)
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El país transalpino vive el primer día de prohibición de movimientos en un escenario marcado por las calles vacías y los controles policiales

Italia, entre el miedo y la resignación - Foto: MANUEL SILVESTRI

El día siguiente de que Italia aprobara las medidas más drásticas tomadas en cualquier país occidental para evitar el coronavirus, la población reaccionó con una mezcla de resignación, confusión y miedo a la prohibición de movimientos en el interior del país y a la limitación de todos los contactos sociales.
En Roma, cientos de personas se dirigieron ayer a la estación central, la de Termini, para volver a sus ciudades y pueblos de origen, conscientes de que esta situación irá para largo y así poder pasar el aislamiento «cerca de la familia», cuenta Melissa, estudiante procedente de Fondi, en el centro del país.
Se han cancelado entre un 60 y el 70 por ciento de los trenes por baja demanda, explican fuentes de Trenitalia, especialmente los que van a ciudades del norte como Milán o Venecia, más afectadas por el coronavirus, mientras que la estación aparece insólitamente vacía y con controles policiales y militares.
La gente llega algo desorientada, donde los agentes cubiertos con guantes y mascarillas reparten el módulo de autocertificación que deben rellenar para viajar y en el que indican el lugar de origen, destino y el motivo del viaje.
El tradicional tráfico caótico de Roma ha dado paso a unas avenidas casi vacías, en las que los buses circulan sin apenas pasajeros, mientras que en el metro hay muchos más asientos vacíos que un día normal y los usuarios procuran mantener una distancia entre ellos.
Los supermercados están bien abastecidos, aunque los reponedores se afanan en llenar baldas de aceite, pasta, harina o pan, algunos de los productos más solicitados y que se agotan periódicamente.
Una de las preguntas más repetida en una farmacia del barrio de Esquilino es cuándo llegarán más mascarillas, agotadas desde hace tiempo, por lo que la empleada debe repetir cientos de veces «el próximo sábado», ante la impaciencia de la gente.
«Yo tengo mucho miedo, estoy preocupada», contesta Elisa, quien habla de un «cambio de vida difícil», ya que no sabe cómo podrá realizar su trabajo de comercial, en una situación en la que la gente ya no abre las puertas de sus casas.
Las restrictivas medidas, que ayer entraron en vigor en toda Italia, son tomadas por la población «con filosofía», como dice Romana, una jubilada milanesa cuyo vuelo a la ciudad del norte fue cancelado y tuvo que aterrizar en Roma. 
El país, especialmente las ciudades del centro y el sur hasta ahora sin medidas de aislamiento, va poco a poco acostumbrándose a una situación inédita, que ha llevado a cancelar cualquier evento deportivo, al cierre de museos, teatros, cines, misas y cualquier aglomeración pública.
Conforme van pasando las horas desde que las drásticas medidas entraron en vigor, Italia empieza a adaptarse a este cambio de vida que afecta hasta a las tradiciones más arraigadas, como darse dos besos o pedir un café en la barra del bar, ahora también descartadas.